Una de cada cuatro bibliotecas suspende en calidad, debido a carencias en los servicios ofrecidos y en la seguridad


Hablábamos el otro día de las bibliotecas y hoy me llega la revista Consumer de Eroski de este mes de Febrero con un informe sobre las Bibliotecas Públicas. Aunque el titular parezca decir que 1 de cada 4 bibliotecas es un desastre, lo cierto es que no es así, y el propio informe viene a decir que las bibliotecas aprueban:

La valoración final del servicio que ofrecen las bibliotecas se queda en un ‘aceptable’,que es también la calificación que merecen los apartados de servicios y seguridad de las instalaciones. Por su parte, tanto la información como la accesibilidad logran un ‘bien’, y destacan la limpieza y el mantenimiento de las bibliotecas, con un ‘muy bien’.

De todas formas creo que el informe es un poco injusto porque valora cosas que quizá no sean precisamente imprescindibles en una Biblioteca o que son exigencias quizá excesivas:

En una de cada cuatro no se encontraron salas de estudio personal y sólo tres de cada diez ofrecían salas de estudio para grupos. Además, el 27% de las bibliotecas carecía de zona wifi, el 17% no contaba con salas de ordenadores con acceso a Internet y sólo el 22% de ellas disponía de puntos de auto-préstamo, así como de servicio gratuito de taquillas a los usuarios. Además, otro servicio muy útil, el de fotocopistería, se encontró sólo en dos de cada tres bibliotecas. En el 40% no se hallaron puestos para visionar archivos de vídeo o de audio. Sin embargo, ocho de cada diez sí contaban con videoteca, fonoteca o hemeroteca.

Otra de las cosas que critica el informe es la falta de seguridad: “En el 75% de ellas no se vieron cámaras de seguridad dentro del edificio y casi en el 70% de las bibliotecas, ni siquiera fuera”. Bueno, lo de Gran Hermano ya llega a todas partes, pero lo de estar leyendo un libro sabiendo que alguien me está vigilando tampoco creo que sea lo que más importe a la hora de visitar una biblioteca, de hecho creo que me sentiría un poco incómodo leyendo según qué cosas…

Vamos, que en general lo que se valora como negativo son factores menores o incluso de un exceso de exigencia por parte de quienes lo han elaborado. Evidentemente hay mucho que mejorar en las Bibliotecas Públicas, pero yo creo que lo principal que hay que mejorar es la afluencia de público, conseguir que sean espacios realmente concurridos y no precisamente para conectarse a internet o visionar archivos de vídeo o audio (por cierto, curioso que el informe hable de “archivos” y no de dvd y cd, por ejemplo). Yo sigo sintiendo mucha tristeza cuando veo el poco uso que se hace de las Bibliotecas. Por ejemplo el pasado jueves en EL MUNDO una madre publicaba una carta en la que se quejaba de que no dejaran entrar a su hija menor en la Biblioteca Nacional, pero lo sorprendente es que la madre decía que como no la habían dejado entrar en la Nacional no le quedaba más remedio que recurrir a internet para hacer su trabajo escolar. ¡Dios mío! Si alrededor de la Biblioteca Nacional -que como todas las Bibliotecas Nacionales está especialmente destinada a la investigación y ahora dejan entrar a todos los mayores de 18 años- hay más de 6 Bibliotecas Públicas, mucho más adecuadas por organización y por el tipo de material para un menor y sus trabajos escolares. Quizá lo que falta es el conocimiento de la existencia de las Bibliotecas y de los servicios que ofrecen, y ahí vuelvo nuevamente al vídeo de la Biblioteca Provincial de Huelva que comentábamos el otro día.

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¿2009 será el año del libro electrónico en España?

Cada vez hay más voces que insisten en que este año sí será el año del libro electrónico en España. Un ejemplo que se ha blandido últimamente es el paso dado por Carmen Balcells de otorgar licencias de sus autores y obras a leer-e para editarlos en formato elecrónico, lo cual tiene una gran importancia, pues es una agente literaria, con derechos sobre libros, la que da este paso, ya que precisamente uno de los problemas del libro electrónico es quién tiene los derechos, pues los contratos todavía hoy muchas veces no aclaran ese aspecto -lo cual a veces, es una oportunidad para el autor de vender los derechos electrónicos a otra editorial que sí tenga presencia en el mundo electrónico, cosa que creo que en España no se están haciendo, quitando a Vázquez Figueroa, que va por libre y está siendo pionero en España en este sentido-. Otro ejemplo es la aparición el próximo lunes del nuevo kindle( también hoy en Ariadna), que en Estados Unidos ha vendido una burrada de dispositivos y que se supone que aparece ahora con importantes mejoras, lo cual a España no le afecta demasiado, pero quizá sí el rumor de que por fin el Sony Reader aterrice en España. Y otro ejemplo que se ha venido a sumar en los últimos días es posibilidad de disfrutar de los libros de google book en dispositivos móviles recientemente anunciada , etc. En definitiva tanta acumulación de noticias y rumores apunta a que editores, agentes, autores y libreros están empezando a interesarse aún más por las posibilidades del libro electrónico.

Precisamente muchos editores importantes ya están pensando en dar el salto al libro electrónico, y así Herralde que ya nos ha sorprendido recientemente con la venta de 100 de sus títulos en kiosko, confiesa que están estudiando la posiblidad en Anagrama:

Así, no esconde que su empresa está “oteando” la posibilidad de publicar en el futuro libros en formato electrónico y avanza que ya hay una persona en la editorial que está recopilando material y estudiándolo. “Si lo vemos necesario, sí publicaremos libros electrónicos, pero en estos momentos el territorio es bastante virgen, hay que acabar de ver si es viable económicamente y si se pueden colmar las lagunas legales que existen”, señala. (El Economista )

Nosotros que iniciamos nuestra labor editorial precisamente con libros electrónicos gratuitos descargables desde Minotauro Digital y luego dimos el salto al papel (aunque esos libros en papel también pueden disfrutarse en formato electrónico poco a poco, de momento con Graphitfragen, nuestro primer título) sabemos que el libro en papel y el libro electrónico están condenados a entenderse y convivir tarde o temprano. No sé si será en el 2009 o en el 2012, pero evidentemente llegará un momento en el que en el Metro veremos tanto a personas leyendo un libro en papel como leyéndolo en un dispositivo electrónico. Pero quienes hablan de la desaparición del libro en papel o creen en definitiva que el libro electrónico sustituirá en gran medida al libro en papel quizá se están apresurando, porque igual que es dificíl encontrar sinónimos absolutos que puedan reemplazar a otra palabra en todos sus contextos posibles, así sucede con el libro electrónico que evidentemente mejora al libro en papel en muchos aspectos pero en otros tantos, no; con lo cual, lectores de mi generación que hemos nacido en lo analógico pero hemos madurado digitalmente, seguiremos leyendo en ambos formatos según qué cosas y según que circunstancias y las futuras generaciones quiero pensar que también. Por otra parte quienes, además de el contendio, valoramos e intentamos comprender al libro como objeto, no sólo por su valor sentimental, sino por la perfección del formato, el diseño, la tipografía, etc. nos preguntamos dónde acabará todo eso en el formato electrónico…, porque por mucho esmero que se ponga igualmente al editar en formato electrónico (cosa que muchos ponen en duda) es un formato que, frente al del papel, que es un soporte fijo donde lo fijado no cambia, en el formato electrónico todo cambia en función del dispositivo, resolución, etc que se use, con lo cual es difícil controlar algo tan aparentemente sin importancia para algunos como las particiones de palabra, etc. lo cual hace que todo el cuidado ortotipográfico pensado para el formato físico del libro y la mejora de la lectura se puedan perder en el formato electrónico (aunque se ganen muchas otras ventajas, empezando por esa posiblildad de aumentar el tamaño de fuente que evidentemente el libro físico, a no ser con lupa, no tiene). Precisamente para aquellas personas, o aquellos libros, o aquellas circunstancias en las que eso no importe, el libro electrónico triunfará, pero no por eso arrinconará al libro físico en las otras circunstancias que quizá, probablemente, cada vez sean menores con los años. En definitiva que de momento no creo que podemos decir ¡El libro ha muerto!¡ ¡Viva el Libro! pero desde luego sí que podemos darle una calurosa bienvenida al libro electrónico y ojalá venga para quedarse.

Todo el saber a tu alcance y de forma gratuita

Esto, que uno podría pensar que es una forma de presentar la wikipedia o sencillamente a la propia internet, se dice en un vídeo promocional de la Biblioteca Provincial de Huelva. Y he dicho bien, un vídeo promocional. Que una biblioteca pública que ofrece gratuitamente servicios tan interesantes como el préstamo gratuito de libros, películas y música, así como lectura gratuita de prensa y revistas necesite hacer un vídeo promocional que el propio director de la Biblioteca califica de “acción de marketing y promoción de nuestros servicios”, no deja de ser curioso. Siempre me ha parecido sorprendente que un sitio como una bibioteca no esté atestado de gente y haya colas para entrar, ni que los bibliotecarios tengan que establecer un sistema de acceso ante la muchedumbre que se agolpa ante las puertas. No lo entiendo. Es cierto que ahora que ofrecen también música y películas y sobre todo acceso a internet, las bibliotecas públicas están siendo más visitadas y sí que hay un sistema de espera para servicios como el acceso a internet. pero francamente no comprendo que no sean lugar más visitado. De hecho, cuando realmente hay aglomeraciones es durante estas fechas de febrero -y de mayo y junio- por los estudiantes que las utilizan para estudiar sus propios materiales; no los de la biblioteca.

Desde luego el que dice que no lee porque los libros son caros -al margen de que una comparación con otra actividad de ocio o cultura demuestra que no es así- ha buscado una excusa muy pobre, pues en las bibliotecas públicas tiene libros para aburrir (mejor dicho, para no aburrirse en todos los años de su vida) y si no tienen el libro que busca además le dan la opción de rellanar una “desiderata” y la biblioteca adquiere el libro solicitado si es posible. Y además hay bibliotecas por doquier. Para encontrarlas es ideal la nueva herramienta del Ministerio de Cultura, que nos ofrece sobre el mapa los lugares donde encontrar, entre otras cosas, Museos y Bibliotecas: http://www.mcu.es/Geocultura/index.jsp

En definitiva que el que no lee es porque no quiere, y recomiendo ver el vídeo que desde luego es muy promocional, a todos aquellos que no saben lo que se están perdiendo por no visitar su biblioteca más cercana: http://www.juntadeandalucia.es/cultura/opencms/export/bibliotecas/bibhuelva/video.html

Maquetando

La maquetación o compaginación es un oficio (y a menudo todo un arte) que como todo oficio tiene sus reglas. Estas reglas que ya otra vez comentaba que no se respetan siempre y cada vez menos, son sobre todo muy laxas para el caso de la prensa (y no es que últimamente tenga ganas de meterme con la prensa escrita: es casualidad) especialmente porque usa columnas muy estrechas y sobre todo porque no se puede invertir el mismo tiempo que se invierte en maquetar un libro, por la lógica urgencia de las noticias y la obligación inaplazable de salir a la mañana siguiente. Pero ayer me encontré con esto que llamó mi atención.

Evidentemente estoy profesionalmente deformado y a otro tipo de lector no le hubiera llamado la atención: Pero precisamente el encontrarme con este “ladillo” tan horriblemente maquetado (una doble calle: la que se produce con el hueco completo en las cuatro líneas tras la primera palabra, mas la línea que produce la repeteción del “de” en las tres últimas líneas y una sensación de paralelismo que el texto no tiene en su contenido) llamó mi atención sobre el artículo. No podía creer que no hubieran podido arreglar eso (o lo que es peor, que no se hubieran dado cuenta o no les hubiera importado) y pensé que, dado tanto paralismo, debía de tratarse de un poema, pero no, evidentemente no era la cita de unos versos.

Lo curioso es que ese ladillo cumplió su objetivo aunque por un motivo distinto al esperado, llamó mi atención y leí el artículo que, para colmo, hablabla de libros, y por tanto me interesaba. Y, (ya que estoy) venía a decir lo que dice el ladillo, que su autor (el del artículo) echa en falta los cócteles en las presentaciones de libros y lo considera un síntoma de la nueva austeridad editorial. Como Rodríguez Rivero no ignora los escasos márgenes del libro que permiten pocos dispendios, ni ignora tampoco que las presentaciones en general (con cóctel o sin él) no sirven de mucho (Mario Muchnik en sus consejos a los jóvenes editores les viene a decir que no hagan presentaciones porque no sirven para nada) al final concluye: “La verdad es que, a excepción de los añorados canaperos y los escritores con ego exuberante e inseguro (aquí se dan los dos extremos), no creo que hayamos perdido demasiado”.

Para quién sienta curiosdidad, el texto está en la web de EL PAÍS donde por cierto, el ladillo está bien maquetado y, para mí -que estoy claramente deformado-; es lo mejor del artículo.

Google se ha vuelto loco

Dependemos mucho de Google, quizá demasiado. Hoy durante unos minutos se ha vuelto loco e indicaba en todos sus resultados que las páginas son un riesgo para nuestros equipos y no dejaba visitarlas. ¿Qué habrá pasado durante estos minutos? ¿Se habrá parado internet? Aunque solo sea una anécdota como muestra esta imagen de Google indicando que ella misma no es segura, quizá sea tambien una aviso del poder que Google tiene sobre la navegación en internet y cómo navegamos cuando no lo tenemos.

… y mientras, las revistas culturales siguen cerrando

Las revistas culturales que tanto contribuyen igualmente al desarrollo del espíritu crítico y sobre todo al gusto y disfrute por la cultura, tampoco acaban de levantar cabeza y van cayendo una tras otras. Cayó ya Lateral hace un par de años y sigue en deconstruccion, y últimamente ha caído El Punto de las Artes, tras 22 años publicándose y parece que también se cae finalmente Archipiélago, también con un cuarto de siglo a sus espaldas. Otras revistas empiezan ahora a apostar por internet como Revista de Libros que nunca entendí que, siendo una revista financiada por una entidad pública como Caja Madrid, no pusiera sus contenidos libremente en internet, cosa que, por otra parte, sigue sin hacer en realidad. En definitiva, son malos tiempos para las revistas culturales… y sin embargo la cultura impera en la red, se multiplican los sitios sobre música, cine, libros… Quizá sea un síntoma más del fin de los tiempos del papel impreso y realmente este 2009 será el año del libro electrónico como habían venido siéndolo también los anteriores, a decir de los expertos. O quizá es simplemente un síntoma más, como la propia crisis económica, de un cambio profundo que se está incubando y cuyo resultado final no podemos aún ni imaginar. Pero sea cuál sea seguro que darán cuenta de él muchas revistas culturales que aún siguen dando guerra y esperemos que durante mucho tiempo, y las muchas que seguro que irán naciendo.

Al menos, nos queda el optimismo.

La prensa ni regalada…

Esta semana la prensa es noticia de sí misma. Mucho antes de que empezara esta crisis anunciada, la prensa estaba ya en crisis. Internet primero y los gratuitos después fueron dejando a los medios impresos tradicionales en una mala posición. Ultimamente el grupo PRISA está siendo noticia por su remodelación y por sus deudas, pero ayer lo era un gratuito, METRO, que se ve obligado a cerrar porque son muchos ya los gratuitos y la tarta de la publicidad no da para todos. En estas Sarkozy presentó su plan para salvar a la prensa francesa , que incluye entre otras medidas, que no han llamado tanto la atención, la de regalar suscripciones a los jóvenes. Muchos han cuestionado esta medida porque restará independencia a los medios . ¡Venga ya!, ¿Dar dinero a la prensa le resta independencia? Hace poco Javier Marias denunciaba en Qué Leer la de veces que le han censurado artículos porque se metía con tal o cual anunciante de la publicación en cuestión. Pero bueno, seguramente les reste independencia (o sea, les reste más independencia), pero la cuestión es si la medida es eficaz o no.

En España se lee poca prensa con respecto a otros países, aunque la comparativa es un poco engañosa, porque mientras en países como el Reino Unido en una misma familia se compran varios ejemplares del mismo periódico porque cada lector es muy celoso de su ejemplar y no lo comparte, en España lo compra uno, pero lo leen 20. Pero a lo que iba, si los jóvenes no compran prensa, puede uno pensar que es por su coste (1,10 € en este momento) y por tanto regalar una suscripción puede ser una buena medida para que los jóvenes lean prensa y se aficionen a ella de forma que después paguen de su bolsillo cuando se les acabe la suscripción.

Pero la realidad es distinta, los jóvenes “pasan” en general de la prensa, para informarse prefieren en todo caso internet (yo también, lo confieso) y para muestra un ejemplo lacerante que cualquier empresario del sector debería valorar antes de pedir ayudas. A menudo paso por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense y me resulta chocante ver que se apiñan ejemplares de periódicos (y no me refiero a los gratuitos) que nadie coge: Allí EL PAIS, EL MUNDO, ABC son gratuitos y sin embargo no desaparecen. Quizá lleven demasiados, puede ser, pero mientras en los Institutos de Secundaria donde se llevan también ejemplares gratuitos para los profesores, estos, a veces literalmente,se pegan por coger uno, en la Universidad y nada menos que en la Facultad de Ciencias de la Información, al terminar el día muchos ejemplares aún siguen allí y serán tirados a la basura (o a los contenedores de reciclaje de papel en el mejor de los casos). Por tanto los jóvenes formados (o formandose), con especial interés en el mundo de la comunicación (o eso se supone si estudían en la Facultad de Ciencias de la Información) no quieren prensa ni regalada. ¿por qué?
Leer prensa es un hábito saludable y fundamental para la formación de todo joven, pero el problema es cuando la prensa ya no forma el espíritu crítico de los jóvenes (ni de los mayores) sino que a menudo lo deforma, ofreciendo visiones tan sesgadas de la realidad (cuando deberia exprimir la noticia para verla desde todos los puntos de vista posible, y no sólo desde el suyo propio) que al final casi es mejor que los jóvenes no se aficionen a la prensa, así al menos se librarán de un metodo más de adoctrinamiento. En España, igual que en Sevilla se es del Sevilla o del Betis, parece que uno tiene que ser de EL PAIS, de EL MUNDO, o de ABC (bueno, o de La Razón) como si se tratase de equipos de fútbol, y al final está obligado a ver el mundo con el color del cristal de su periódico.

Todo está cambiando, y la importancía que la prensa tenía antes ha dejado de tenerla, sin duda por el auge de internet, pero también por el descrédito que ella misma se ha buscado con sus exagerados partidismos, su descarada parcialidad y la difusión de bulos a sabiendas de que lo son. En la misma Facultad de Ciencias de la Información se hace el ejercicio de leer una noticia sin decir de qué medio es para adivinar inmediatamente de cuál se trata, y no precisamente por su estilo literario (otra cosa que, por cierto, ya a penas existe en la prensa). Con determinadas noticias, no es difícil. Para qué leer entonces la prensa si ya sé qué y cómo me lo va a contar. Por muchas modernizaciones y re-diseños que quedan en nada, la prensa en papel ha perdido la batalla de la confianza y no se ha ganado al lector joven que prefiere, en el mejor de los casos, medios digitales (los de los propios períodicos, es verdad, pero también medios netamente digitales como soitu.es) . Entre tanto Sarkozy regalará suscripciones y en España se adoptarán seguramente otro tipo de medidas para apoyar a la prensa como hace poco se ha apoyado a la banca. Precisamente Bancos y Prensa son los que más apoyan a los políticos (eso sí, de forma organizada, cada uno al suyo, como se es del Betis o del Sevilla)… así que no es de extrañar que reciban después las ayudas políticas.
Quizá los medios impresos para recuperar al lector deberían recuperar primero la independencia y el rigor que han ido perdiendo con los años y aprender mucho de internet, sobre todo en frescura y en estar realmente por delante -a menudo me hace gracia, a pesar de lo triste que es, encontrar en un medio impreso como noticia, lo que hacía ya tres días que había leido en blogs o en otros medios digitales-.
Entre tanto, uno seguirá leyendo la prensa escrita, la digital y casi todo lo que en negro sobre blanco se me ofrezca, pero que las próximas generaciones lo sigan haciendo no depende de ayudas económicas sino de que el periodismo se recupere de su propia deriva y sea capaz de ofrecer al lector algo más que un titular informativo que para colmo, muchas veces ni se corresponde con el desarrollo de la noticia.

¿Quién es el ladrón?

Aunque en parte esto se sale de la temática de este blog, al ver hoy la noticia en EL MUNDO, no he podido dejar de recordar las campañas de la SGAE (y el propio Gobierno que paga esas campañas con los impuestos de “todos”) contra los “ladrones” que están acabando con la música a través de las descargas en internet o el top manta, y en las que Alejandro Sanz participa a menudo. Por lo visto a pesar de la piratería hay gente que sigue ganando mucho dinero, tanto que no le cabe en España y se lo tiene que llevar fuera, sin avisarselo a Hacienda:

Alejandro Sanz, denunciado por evadir capitales en Liechtenstein

¿Dónde estás Avellaneda? o la propiedad industrial de las ideas

Dicen que el Quijote es la obra más importante de nuestra lengua, y al margen de todas las razones que se pueden esgrimir en este sentido, hay otros aspectos muy interesantes en esta obra, como es el hecho de que establece un diálogo con otra que nace precisamente a la zaga del primer Quijote; el llamado Quijote de Avellaneda. La calidad de la obra de Avellaneda es sin duda inferior a la de Cervantes, pero el Quijote de Avellaneda es una novela a veces entretenida, llena también de aventuras y de un humor a menudo grueso, con personajes más estereotipados que los de Cervantes, claro está, y con una intención y un resultado muy distinto; pero no es esa la cuestión. La cuestión es que la segunda parte del Quijote parece escribirse teniendo enfrente el Quijote de Avellaneda, hasta el punto de que es muy aconsejable para entender el Quijote cervantino el leerlo como una obra en tres partes, y hacerlo en orden cronológico, es decir, primero la Primera parte de Cervantes, después el Quijote de Avellaneda, y finalmente la Segunda Parte cervantina. Así se percibe claramente que la imbricación de estas tres obras es muy profunda, y hay un diálogo complejo entre ellas, e incluso que si Avellaneda le debe todo a Cervantes, Cervantes no le debe poco a Avellaneda.

Viene todo esto a cuento, porque hoy día este tipo de situaciones no parece posible. Hoy no existiría Avellaneda. La obsesión por la originalidad y sobre todo por la propiedad intelectual extrema, hacen imposible una situación como la que era frecuente en nuestros siglos de oro, cuando un autor (eso sí, generalmente oculto bajo seudónimo) continuaba cualquier obra de éxito por su cuenta y riesgo. Así, no sólo el Quijote, sino el Guzmán de Alfarache, por no hablar del Lazarillo, tuvieron sus continuadores espontáneos que saltaban al papel continuando sus aventuras como ellos consideraban oportuno.

Por supuesto que hoy existen adaptaciones (a menudo hasta la saciedad y más allá) de obras de éxito, pagando al autor, editor, y demás propietarios del copyright, así como secuelas interminables y desde luego existen también clónicos más o menos descarados de obras de éxito más o menos fugaz o de fórmulas aparentemente eficaces (Yo ya no sé cuántos códigos siguieron al de Da Vinci) pero desde luego no tiene nada que ver con lo que sucedía en la época de Cervantes cuando el concepto de originalidad era muy distinto al de ahora y sobre todo porque la propiedad industrial de las ideas no existía (sobre todo porque industria realmente tampoco) .

Hace unos meses se celebraba el juicio de la autora de Harry Potter, J.K. Rowling , contra una pequeña editorial que quiere publicar un libro sobre Harry Potter, con el contenido del sitio web The Harry Potter Lexicon, contra el que, por otra parte, nunca había reclamado. (http://www.elmundo.es/elmundo/2008/04/15/cultura/1208225190.html) Este juicio contra una obra que en el fondo no es más que una recopilación de temas y personajes de la obra de Rowling, a modo de enciclopedia (del Quijote hay unas cuantas) es un ejemplo claro de la imposibilidad hoy día de que existiera algo parecedlo al Quijote de Avellaneda. Cuando personajes de ficción se registran como si fueran marcas, difícilmente Avellaneda podría salir a la calle aunque fuera anónimamente pues -al margen de que en caso de no hacerlo anónimamente, lo lincharían públicamente-, la edición de su obra sería secuestrada por orden de un juez en menos que canta un gallo.

Sin embargo, continuaciones o revisiones de obras clásicas son habituales. Del propio Quijote se habrán hecho miles, de Hamlet, de la Odisea, etc. Pero no es posible hacerlo de una obra con derechos de autor vigentes. Ulises quizá no hubiera sido posible si la Odisea no fuera una obra varios siglos anterior, sino fruto del ingenio de algún contemporáneo de Joyce. El propio Hamlet quizá no se hubiera podido escribir hoy, si la Orestiada se hubiera estrenado un par de años antes; incluso Los intereses creados de Benavente hubiera tenido problemas si Perrault, autor de El gato con botas en el que se inspira, hubiera vivido para conocer la obra de Benavente y haberle recriminado al Nóbel su actitud.

Esto no tiene tanto que ver con la propiedad intelectual en sí, como con su vertiente industrial, lo que antes hemos llamado la propiedad industrial de las ideas, pues en el fondo de lo que se trata es de industria y no de cultura. Es decir el hacer uso del “ius prohibendi” propio de la propiedad industrial y que es en el fondo lo que Rowling esta blandiendo frente a la editorial que quiere editar una compilación enciclopédica de su saga juvenil. Podemos pensar que es legítimo que un autor no quiera que otros hagan otras obras basadas en sus obras, pero si ese planteamiento lo trasplantamos al mundo científico nos encontraríamos que ningún científico podría investigar sobre los descubrimientos de otro, y aunque hoy día tenemos el grave problema de las patentes en los medicamentos, lo cierto es que la ciencia sigue avanzando precisamente porque los descubrimientos se ponen a disposición de la comunidad científica y sobre esa base el resto de científicos sigue avanzando, apoyándose los unos en los otros (evidentemente estoy simplificando en extremo, y el mundo científico tiene sus problemas, pero refiriendonos a la tecnología podemos hablar de la eterna discusión entre códigos propietarios y códigos abiertos con Windows y Linux como buenos referentes respectivamente).

Curiosamente, esa protección a determinadas obras, coincide con obras cuya vigencia se sabe efímera, y a las que por tanto hay que sacarles el máximo dinero posible mientras duren. Seguramente nuestros nietos no leerán Harry Potter, pero sí seguirán leyendo el gato con botas (por cierto, en alguna de sus muchas revisiones); ni nuestros hijos al crecer –espero- leerán el Código da Vinci, pero seguro que al menos algunos se interesarán por Hamlet.

El caso es que recriminaremos al autor que se inspira en una obra de hace un par de años, pero sin embargo aplaudimos a quienes nos “actualizan” a los clásicos, trayéndonos de nuevo a Ulises, de nuevo a don Quijote, de nuevo la Celestina, de nuevo al doctor Jeckyll y a mister Hyde. Hay sin duda oportunismo en quien pretende continuar una obra ajena, sobre todo cuando no aporta realmente nada -que por desgracia, es la mayoría de las veces-; pero en el fondo, a veces una buena idea no da con el escritor adecuado, que años después consigue darle a la idea el traje que necesitaba, y desde luego la imitación da lugar al género, y no hace falta haber leído a Aristóteles para saber que sin “mímesis” no habría arte de ningún tipo.

No digo que esto sea bueno ni malo, solo que hoy día no existiría Avellaneda y por tanto si hoy se escribiera el Quijote, la segunda parte sería muy distinta. ¿Mejor? ¿peor? Nunca lo sabremos. Lo que es cierto es que la existencia de Avellaneda ha dado lugar a una situación literaria extraordinaria y a un perspectivismo dentro del Quijote, en el que el propio personaje conoce la obra que le da vida. Y por supuesto también da lugar a que don Quijote nos dé una lección de cómo entiende la literatura en la época, pues precisamente Cervantes, como antes, durante y después, los pícaros, no hace sino introducir el mundo real en el modelo idealista que era entonces la novela:

“Ya yo tengo noticia de este libro, (…) y en verdad y en mi conciencia que
pensé que ya estaba quemado y hecho polvos por impertinente. Pero su San Martín
se le llegará como a cada puerco; que las historias fingidas tanto tienen de
buenas y de deleitables cuanto se llegan a la verdad o la semejanza de ella, y
las verdaderas tanto son mejores cuanto son más verdaderas.”

Evidentemente Harry Potter no es don Quijote, ni Rowling es Cervantes, y eso es lo más triste del asunto, pues como el propio don Quijote dijo a don Álvaro de Tarfe, personaje que, por cierto, Cervantes toma prestado de Avellaneda, como este le había tomado los suyos; “-Yo -dijo don Quijote- no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el malo”. Que el lector lo juzgue.

En fin, ¿dónde estás Avellaneda?

Cuando las “miembras” sean realmente miembros

Más allá de la anécdota de la ignorancia de una ministra en el conocimiento de nuestra lengua, cosa que no es sorprendente en absoluto y más teniendo en cuenta que esta ministra por edad pertenece a la generación perdida, a la generación LOGSE.; la cuestión importante de las “miembras” pronunciada sin empacho por la ministra de igualdad demuestra cómo los políticos están más empeñados con las apariencias que con la realidad, y desde siempre pretenden, mediante las palabras, encubrir los problemas reales, haciéndonos creer que inventando la palabra inventan la realidad como si en vez de políticos fueran demiurgos –alguno estoy seguro que hasta se lo cree- , y así se inventarán “desaceleraciones fuertes” -que por otra parte es como algún conductor pedante podría llamar al simple frenazo ante un semáforo en rojo-, o cualquier otra cuestión para crear espejos deformantes que poner ante la realidad o más bien ante los ojos de los ciudadanos.

Pero el caso es que hay un empeño de políticos -y muchas otras personas, que les siguen con auténtica buena fe y por aquello de que es políticamente correcto-, en utilizar a menudo el masculino y el femenino para referirse a un colectivo determinado ignorando intencionadamente que la lengua por economía selecciona en esos casos el término no marcado, y precisamente “no marcado” significa que no marca, es decir que no funciona en ese contexto como marcador de género, porque se utiliza en un contexto en el que no es necesario distinguir esa oposición. Como sólo tenemos dos géneros en español, porque no tenemos un neutro como sí tiene por ejemplo la lengua alemana (por cierto siempre me ha parecido curioso que tanto muchacha como señorita en alemán sean sustantivos neutros, parece que sólo cuando la “fraulein” se convierte en “frau” tiene derecho a la feminidad), la elección es entre uno u otro, y el que el termino no marcado sea el masculino no hace sino reflejar precisamente la historia de la lengua, y por tanto de nosotros mismos. Y como es muy cierto aquello de que quien olvida su historia está obligado a repetirla, no está de más que la lengua conserve su historia, porque nos dice precisamente de donde venimos y a donde vamos. Es por eso que la insistencia en hablar de “diputadas y diputados”, “compañeras y compañeros”, y ya rizando el rizo; “miembros y miembras”; no es sino una insistencia en marcar que algo, que ya ha dejado o está dejando de ser anecdótico, sigue siéndolo para ellos, cuando precisamente quieren hacernos creer que luchan por lo contrario. Me explico. Cuando en 1978 Carmen Conde ocupó un sillón en la Académica -por citar una institución que tiene que ver en esto, y que además la propia ministra ha acusado de machista-, siendo la primera mujer que lo hacía -a pesar de que antes podían haberlo ocupado María Moliner, u otras tantas mujeres de mérito que por el hecho de serlo no lo ocuparon, aunque también hubo cuestiones como envidias y manías de las que tampoco se libran los hombres en otros casos- seguramente cuando un académico se dirigiera al pleno diría “señora académica, señores académicos”. Aquello evidentemente tenía un claro sentido, en primer lugar por ajustarse a la realidad de la presencia de aquella única mujer y segundo por destacar que ya los académicos no eran sólo hombres, es decir, por remarcar una situación nueva e insólita que necesitaba precisamente por eso destacarse, pues de no hacerlo, y dado que hasta entonces los académicos siempre habían sido hombres, usar el término no marcado no podía entenderse con claridad como referido conjuntamente a hombres y mujeres, y se hacía necesario destacar esa situación insólita en ese momento. Pero hoy que nadie puede pensar que cuando alguien dice “académicos”, o “diputados” se está refiriendo sólo a los de sexo masculino -salvo que sea político o un imbécil redomado- el mantener ese empeño en remarcar que hay hombres y mujeres, además de anacrónico, es contraproducente, porque se destaca con ello un estado de provisionalidad o de excepcionalidad cuando evidentemente no lo es ya precisamente en los ámbitos en los que ellos lo utilizan con más frecuencia, ni debe serlo y de hecho no lo será en poco tiempo en los demás. Porque desde la lengua la normalidad –y la igualdad que es competencia de esta ministra- está en que hombres y mujeres se encuentren en el término no marcado, que no es el masculino, o no tiene consideración de masculino cuando se utiliza referido a un colectivo, y por tanto no hay que reivindicar el llamar “miembras” a los miembros de sexo femenino sino el que se puedan llamar miembros a todos, como todos nos llamamos lingüistas –no he oído que ninguno haya propuesto “lingüisto” para la nueva edición del DRAE- porque todos somos personas, y al hablar de personas se debe utilizar un único término que existe para referirse a ellos , ¿o acaso ahora somos personas y personos? El que una palabra acabe en “a” o en “o” no la convierte en masculina ni en femenina, -y claramente cuando, como en estos casos, vienen del griego- y cuando se utiliza el término no marcado para referirse a un colectivo, salvo en determinados contextos, hoy ya no es necesario explicar a nadie que nos referimos a hombres y a mujeres, porque la insistencia en hacerlo, no señala más que precisamente esa situación de anormalidad que lo era cuando la mujer empezaba a incorporarse a determinados ámbitos pero no lo debe ser hoy, por más que los problemas de igualdad existen y son muchos y se deben resolver no sé yo si desde un ministerio, pero desde luego no desde la lengua, o no atacando a la lengua como si fuera culpable de los males, cuando no es más que el reflejo de los mismos. Cambiemos el mundo que la lengua se adaptará a ese mundo más rápidamente de lo que ni académicos ni ministros pueden hacer, pero no lo intentemos hacer al revés porque es evidente que no funciona.

Una gran poeta decía que ella no era “poetisa” sino “poeta”, y supongo que hoy podría decirle a la ministra que ella no quiere ser “miembra” sino miembro, miembro de pleno derecho de la lengua y de la sociedad.