Lectura polémica o una tonta reflexión sobre el libro

Leer un libro es en realidad entablar una batalla. Es cierto que amamos los libros, pero también que luchamos con ellos, quizá como se lucha con un amigo, medio en broma, medio en serio, para ver quién derriba primero al otro y echarse unas risas. Pero es una lucha, luchamos por vencerle, por acabar con él. Precisamente, por eso: por terminarlo. El libro que con sus 600 páginas descansa sobre mi mesilla es un reto, una llamada a entablar el combate, y al final solo puede quedar uno. Por eso la naturaleza del libro como objeto es tan importante. Porque tiene una dimensión física que no podemos obviar y que más allá del contenido, ocupa un espacio real. Su peso nos indica también la densidad de la lectura, su dimensión nos habla de las características del libro, y lo mucho o poco que juntemos los dedos a un lado u otro de la lectura, nos indica cuánto del libro hemos leído y cuándo nos queda por leer. Lo cual no es dato insignificante en la batalla.

El libro electrónico con sus infinitas ventajas -que no vendré aquí a enumerar, harto de hacerlo ya tantas veces-, nunca nos llamará de la misma forma, nunca nos mirará desde la estantería con un reproche por no haberle leído a pesar de haberlo comprado hace ya meses con tanta ilusión. Sentarse en el sofá del salón a mirar el estúpido televisor y sentir cientos de miradas desde la estantería… Esa sensación quizá no la tengamos nunca con el libro electrónico, como tantas otras. Pero claro, estamos hablando de nosotros, lectores impenitentes de más de 40 años que hemos crecido rodeados de libros y sabiendo que esa era la principal y a veces única forma de conocimiento, de entablar conversaciones con seres maravillosos que vivieron cientos o miles de años antes que nosotros hiciéramos nuestro primer pipí. Pretender que sea así con generaciones que han crecido rodeados de pantallas en las que para muchos cabe todo su mundo, es pretender quizá lo imposible.

Los adolescentes enganchados al móvil quizá sufran el mismo amor hacia esas pantallas que nosotros hacia los libros. Quizá el adolescente que siente la vibración de su móvil en el bolsillo y no puede sacarlo, y siente otra más, y sabe que los mensajes se van acumulando, sienta una sensación similar, un remordimiento parecido al que siento yo cuando noto los libros no leídos en los estantes. Quizá en el futuro, cuando algunos de esos chicos tengan nuestra edad y se hayan convertido en grandes lectores -porque a pesar de todo, en el futuro habrá lectores, habrá letraheridos, habrá amantes del libro, como los ha habido siempre porque como decía aquel, con mucho acierto: podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía- sientan esos remordimientos al abrir la aplicación de lectura y ver la imagen de las cubiertas de tantos libros esperando en la cola de lectura.

Pero es cierto que, como también decía aquel otro, todo es lucha, agonía y polémica (por el griego polemós, no por los estúpidas “polémicas” de televisión), y si la lectura en el fondo es una batalla contra el libro, contra el autor, por vencerlo, por terminarlo (aunque a veces es tan bello el combate que odiamos que llegue ese momento final que sin embargo a la vez ansiamos) hay quien quiere ver también una batalla -y además a muerte- entre el libro en papel y el libro digital. Enfrentar ambos modelos como quién pregunta al niño a quién quiere más si a mamá o a papá, no deja de ser, además de estúpido, una crueldad. Pretender que cada nuevo modelo tenga que enterrar necesariamente al anterior es pretender una huida hacia adelante en la que cada tiempo pasado no solo no fue mejor, sino que necesariamente ha tenido que ser peor.

Por suerte, no es así. El libro electrónico no va a acabar con nadie, porque lo que él mata goza de buena salud. Y como también decía Sancho, no hay mayor tontería que dejarse morir sin más ni más, sin que nadie lo mate. Así que el uno por el otro -como también diría, en es este caso mi abuela- la casa sin barrer y ni el libro en papel se muere, ni el electrónico lo mata.

Larga vida al libro, aunque espero rematar esta tarde el tomo que estoy leyendo.

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Los partidos del “no”

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Como hoy es jornada de reflexión os invito a reflexionar sobre nuestra participación en estas o en cualquier elección. Mi reflexión tiene que ver con los que llamaremos partidos del “no”, porque creo que a la hora de elegir a quién votar una buena forma de decidirlo es precisamente descartando a los partidos del “no”. ¿Y quiénes son los partidos del “no”? Pues son aquellos que su principal apuesta es precisamente un “no”. Por ejemplo, el partido en la oposición es casi siempre un partido del “no”, ¿por qué? Porque su apuesta, sus argumentos, sus discursos se centran casi por completo en un enorme “no” al partido que gobierna, es decir, aunque tengan propuestas, casi todas acaban englobadas o tapadas por un enorme “no”.

A su vez, el partido que gobierna, suele basar su estrategia también en un enorme “no”, principalmente un “no” al partido de la oposición con el argumento de “mira lo que hicieron ellos antes”, y generalmente quienes no les votan , suelen votar a otros no por esos otros sino por decirle un enorme “no” al partido que ha estado gobernando, porque es bien sabido que la mayoría de los votos son también votos del “no”, porque no votamos a alguien, sino casi siempre contra alguien.

Luego hay partidos cuyo propio nacimiento como partido surge de un  “no”, son partidos que nacieron para decir “no” a algunas cuestiones muy específicas, así hay partidos que nacen para decir “no” a la independencia de otros, o para decir “no” al terrorismo (como si fuera necesario decir “no” al terrorismo, especialmente cuando ese terrorismo al que hacen referencia ya no existe). Estos partidos son fáciles de distinguir porque aparte de ese enorme “no” todo lo demás que dicen suele coincidir con lo que dice otro gran partido (o más de las veces, pican de aquí y de allí), normalmente, otro gran partido del “no”.

También están los partidos cuya esencia es un gran “no”, son los partidos nacionalistas porque se basan sobre todo en un enorme “no” a seguir formando parte de algo, lo cual es legítimo y estoy completamente de acuerdo en que todo el mundo pueda decidir en cualquier momento decir “no” a formar parte de lo que sea, faltaría más; pero no podemos dejar de encontrar que estos partidos, tienen en su esencia como partido también un enorme “no”.

Por supuesto, los partidos fascistas o llamados de extrema derecha, también se asientan en un enorme “no”, un no al extranjero, un “no” al inmigrante, o en definitiva un “no al otro”. Son pues grandes partidos del “no”.

Y así, podemos ir descartando todos los partidos basados en el “no”… confiando en que, en el descarte, encontremos alguno que se base en algún enorme “sí”. ¿Y si no encuentro ningún partido del “si”? Pues es lo más probable, y en ese caso quizá lo mejor es elegir al que tenga menos “noes” o los tenga más pequeños.

¿Y no sería entonces mejor no votar? Pues no lo creo, porque precisamente no votar, es, sin lugar a dudas; el mayor voto del “no”.

“Cervantes, tras el realismo ideal”, un ebook

ImagenLa próxima semana celebraremos, como ya es habitual, el día del libro coincidiendo con la fecha aproximada de la muerte de Cervantes. Me ha parecido buena ocasión, por tanto, recuperar un texto escrito hace ya muchos años en el que hacía un recorrido por la vida y obra del autor del Quijote, y darle formato de libro electrónico para quien guste de conocer más sobre la figura de Cervantes y sobre sus obras.

Escribí este texto hace 16 años para lo que entonces muchos creían que serían los sustitutos de los libros en papel: los cd-rom multimedia. Por supuesto los cd-rom multimedia no desplazaron a los libros y, pasado algo de tiempo, dejaron de realizarse y hoy han quedado, como muchas otras tecnologías fallidas, solo en el recuerdo de unos pocos. Por esa misma razón este texto estaba condenado a perderse, puesto que difícilmente hoy puede encontrarse aquel cd-rom y quienes en su día lo compraran, seguramente lo tendrán en alguna caja de cartón en algún cuarto trastero. Quizá me equivoque pero, apostaría la mano de Cervantes, a que así es.

Pasados estos años y ahora que sí parece que los libros digitales se presentan como una opción de lectura y de acceso al conocimiento, y releyendo este texto, que tenía en su día una intención didáctica, me encuentro con la posibilidad de volver a ofrecerlo a quien pueda interesar en este nuevo soporte.

Por supuesto, he caído en la tentación de revisar el texto, pero quitando detalles de redacción (y alguna que otra errata) poco he modificado realmente. Dado que este texto no pretende ser un sesudo estudio sobre Cervantes, sino una aproximación a su figura y su obra para quienes quieran conocerla, no he añadido bibliografía ni he actualizado con supuestos nuevos datos que en estos 16 años han podido surgir o inventarse por los muchos cervantistas que en el mundo son. No es mi intención competir con ellos, aunque hubo un tiempo en que mis pasos parecían llevarme a ser uno de ellos, sino solo, no se entierren en la sepultura del olvido -como diría mi buen amigo Lázaro- estas páginas que en su día algo de esfuerzo me costaron, por mucho que al ser años juveniles, parezca que el esfuerzo debió de ser menor.

Acompaño al texto enlaces a los vídeos originales que en su día grabamos mi buen amigo Carlos Pérez y yo, en dos jornadas frenéticas en las que recorrimos Alcalá de Henares y el Madrid de los Austria para poder ilustrar este texto con los elementos multimedia que un cd-rom requería entonces, como hoy parece que requiere un libro digital que se precie.

Mi agradecimiento por supuesto a Carlos Pérez y a todos los que entonces se prestaron desinteresadamente a participar en la grabación, como aquel Cervantes que nos encontramos en la Plaza Santa Ana y que, espada y libro en ristre, se atrevió a dar vida a un poema cervantino. Agradecimiento también al arquitecto de la ciudad de Alcalá de Henares que nos mostró el antiguo corral de comedias de Alcalá, y por supuesto al personal de la casa de Cervantes que tampoco dudaron en regalarnos una visita guiada.

El libro puede descargarse desde la web de Amazon.

Vargas Llosa, las izquierdas y las derechas, y la calidad literaria de un nobel

Confieso que Vargas Llosa es uno de los pocos escritores a los que he sido fiel desde mi adolescencia. Empecé a leerlo cuando era muy joven gracias a una excelente colección de kiosko que recogía a los clásicos del siglo XX y que me brindó nada más y nada menos que libros como “Pantaleón y las visitadoras”, “La guerra del fin del mundo” o “La tía Julia y el escribidor”. Aquellos primeros libros leídos con a penas 13 ó 14 años me impresionaron, me hicieron enamorarme de Perú y me engancharon a Vargas Llosa hasta hoy que, como digo, le he sido fiel. Otros autores que empecé a leer por aquella época me han ido decepcionando en el camino y no he vuelto a ellos, pero he leído cada una de las novelas que Varguitas ha publicado en estos años y disfrutado con cada una, aunque algunas me hayan gustado quizá menos (“La fiesta del chivo” o “El paraíso en la otra esquina”) y hacerme dudar un instante, hasta que “Las travesuras de la niña mala” me confirmó en mis sospechas de que Vargas Llosa es un gran escritor.

Cuando empecé a leer a Vargas Llosa, como digo, yo era muy joven y no sabía muchas cosas de la vida. Para mí, las izquierdas eran los buenos y las derechas eran los malos: los totalitarios, los intransigentes, los malvados. Era evidentemente muy simplista, lo sé. Por esa razón cuando leía las novelas de Vargas Llosa en las que se criticaba precisamente la falta de libertad, la opresión, la violencia, no me cabía duda de que Vargas Llosa era de los buenos y por tanto, de izquierdas. Mas tarde,cuando yo era algo más mayor, pero tampoco mucho más, Vargas Llosa dio el salto a la política y en los informativos y en los periódicos se hablaba de que era de derechas. Yo no entendía nada: no podía ser. Si en sus obras se veía claramente que estaba a favor de la libertad y de la justicia. Ha cambiado, me dijeron, antes era de izquierdas, cuando era joven, y ahora se ha hecho de derechas, algo que por lo visto pasa mucho. Vaya, me dije. Vargas Llosa perdió aquellas elecciones en Perú y ganó el otro que resultó ser un malvado (no recuerdo si entonces se decía que fuera de izquierdas o de derechas) , y Vargas Llosa se vino a España.

Han pasado desde entonces 20 años y como digo no he dejado de leer a Vargas Llosa, y paralelamente he seguido oyendo que es de derechas, neo-liberal y otras etiquetas similares, y también he leído algunos de sus artículos y unas veces he estado de acuerdo y otras, no.

Ayer cuando le dieron el premio nobel me alegré porque es una satisfacción que premien a alguien que te gusta, cuya obra conoces y admiras y además porque creo que se lo merece por la calidad literaria de su obra. Pero en seguida empecé a oír voces que alegaban su pertenencia a la “derecha” para desmerecerle y criticar que le otorgaran el nobel. Y no entendía nada. ¿Qué tiene que ver que un escritor en política defienda unas ideas (legítimas y democráticas) con su calidad literaria? A caso debemos dejar de escuchar la música compuesta por autores que comulgan con una ideología distinta de la nuestra, a caso nos preguntamos qué ideología tenía Quevedo cuando disfrutamos de su poesía (en la que por cierto a menudo se critica también la falta de libertad, la opresión y la injusticia) , o cuál era la de Velázquez cuando admiramos sus cuadros. Si así fuera, la mitad de la humanidad probablemente tendría que renunciar al arte de la otra mitad.

Hay una anécdota atribuida a García Lorca en la que un amigo le dice que no entiende cómo un persona con su sensibilidad puede estar renunciando a la mitad de la humanidad (refiriéndose a su condición de homosexual) a lo que Lorca le respondió: ¿y cómo tú puedes estar perdiéndote la otra mitad?. Más o menos lo mismo sucede con la literatura y con el arte en general, que a veces por circunstancias ajenas al arte mismo segregamos unas obras de otras. La ideología de un escritor no puede desmerecer en ningún caso su calidad literaria. En el caso de Vargas Llosa, su obra nos puede gustar más o menos, y desde luego podemos estar de acuerdo con sus ideas o no ( o con algunas y con otras no) pero creo que en este caso la calidad de su obra literaria es indudable y claramente merecía el nobel.

Pero precisamente al hilo de todo esto, me he dado cuenta de que quizá tenga que volver a mi simplicidad de adolescente en la que pensaba que las izquierdas eran los buenos y las derechas los malos, pero no con la misma simplicidad de quienes hoy también lo mantienen siendo adultos aunque de una manera intencionadamente infantil, en esa forma o en su contraria, sino precisamente en la forma en que lo creía entonces, que aquellos que defienden la libertad, la justicia, la democracia son los buenos, y los que defienden la injusticia, la imposición de sus ideas y en el fondo la falta de democracia, son los malos: Y unos y otros, para nuestra desgracia se etiquetan como izquierda o derecha indistintamente.

Yo, por si acaso , seguiré valorando la literatura por su valor literario, olvidándome de si su autor vota a A o a B. Y te recomiendo que tú también, si no quieres renunciar a buena parte de la mejor literatura.

El asedio a Libranda

Me había propuesto no hablar de Libranda, pero en dos días he visto como las críticas que ha recibido son tantas, a veces tan exageradas y tan injustas y a veces partiendo de cierto desconocimiento (por ejemplo porque algunos creen que Libranda es la primera plataforma digital de libros electrónicos),  que al final me veo en la obligación de hacer algo que hace un par de días no imaginaría que haría: defenderla. Libranda ha cometido muchos errores, el primero el presentarse a bombo y platillo y sobre todo hacer hincapié en sí misma (quizá porque sus clientes son los libreros y editores y no el lector y era a ellos a los que le interesaba llegar) dando al lector la sensación de que Libranda es quien les vende los libros y no es así. La mayoría de los lectores no conocen por ejemplo a UDL, Les Punxet o Melisa. Seguramente sus nombres ni le suena ni sabría decir que son…, pero son las distribuidoras que se encargan de que los libros en papel estén en las librerías. Ese proceso es transparente al lector. Las distribuidoras no gasta publicidad para anunciarse en los periódicos, ni generalmente se habla de ellas en los medios generalistas, porque no tendría sentido, su cliente no es el ciudadano de a pie que compra libros, sus clientes son los editores y los libreros, por eso sí tiene sentido que aparezcan en medios dedicados a los profesionales del libro. Libranda ha cometido el error de aparecer en medios con mucha frecuencia en los últimos tiempos (culpa también de los medios que están ávidos de noticias y que han visto un filón en este tema, aunque también libranda con su política de comunicación ha contribuido enormemente a este desaguisado) y se ha hablado mucho de ella en internet, por lo que se ha creado la sensación al lector de que es Libranda la que vende los libros, cuando no era así. Los lectores han ido el 15 de julio a su web a comprar libros y se han encontrado que no era posible, se han perdido en sus páginas, y quizá alguno ha desistido. A todo esto ha contribuido la web de Libranda que es poco clara en este sentido y que no ha sabido tampoco aprovechar que los lectores iban a ir directamente a su página para redirigir a los títulos en alguna librería. Sería fácil que al pinchar en un título le saliera al usuario una opción a continuación para elegir librería y al pulsar en una ir directamente al título en esa librería. Un paso técnicamente sencillo y que permitiría al lector usar libranda también para comprar libros aunque al final lo hiciera en la web de la librería.

Otro error ha sido dejar demasiada libertad a las editoriales, o mejor dicho, Libranda se ha presentado como un todo, como una idea global de venta de libros electrónicos, pero después cada editorial va por libre por ejemplo en política de precios, por lo que nos encontramos con libros electrónicos a precios muy similares a los de papel mientras otras editoriales sí que han realizado una rebaja más sustancial del precio del libro electrónico. Libranda debería haber marcado unas pautas en ese sentido. Obligar (entre comillas) a una política de precio común, con un cierto margen y una lógica también común, porque por ejemplo hay editoriales que en papel venden libros en tapa dura que son lógicamente más caros, y otras editoriales que venden libros en bolsillo, y por tanto al hacer el 30% de descuento al libro electrónico, los libros electrónicos provenientes de tapa dura siguen teniendo un precio muy alto, pero ¿tiene algún sentido partir del precio del libro en tapa dura para fijar el precio del ebook? Evidentemente no, cuando el editor vende un libro en tapa dura es consciente de que fija un precio mayor primero por el coste superior de producción y segundo porque la presencia del libro es más atractiva para el lector y por tanto está dispuesto a pagar más por él, pero si convertimos ese libro a formato electrónico, ambas cosas carecen de sentido. Por tanto un política más coherente y general para todas las editoriales (siempre con cierto margen) hubiera sido más lógico y no hubiera decepcionado a algunos lectores que al encontrarse con algunos libros a precios excesivos pueden pensar que todos van a ser así y abandone la idea de comprar libros electrónicos. Pero Libranda está en beta y seguramente muchos editores se darán cuenta de que pocos lectores van a pagar 18 € por un libro electrónico. La política de precios tendrá que cambiar si realmente quieren vender libros electrónicos. Eso sí que creo que es algo importante, aunque también lo he dicho muchas veces, los que creen que un libro electrónico puede tener precio de saldo también se equivocan. Ni los libros electrónicos pueden venderse a 2€ ni tampoco a 20€, pero si el mercado empieza a estabilizarse estoy seguro de que se llegará al término medio, una cantidad que el lector está dispuesto a pagar por las características del producto y un precio en el que los agentes del libro pueden obtener cierta rentabilidad. Ese es un reto importante, no ya de libranda, sino del libro electrónico en general. Llegaremos a ello. Seguro.

Otro de los problemas es el DRM. Muchos están criticando que el proceso de compra es complicado y que el DRM no permite hacer con los libros comprados todo lo que quisiéramos. Incluso algún medio ha destacado que los libros de libranda no se pueden leer en Kindle ni en Ipad , olvidando que precisamente los libro comprados a Apple tampoco se pueden leer fuera del iPad ni los de Amazon fuera del Kindle precisamente porque ellos usan su propio DRM, eso sin tener en cuenta que iPad acaba de llegar y que ni siquiera es realmente un ereader en sentido estricto. En cualquier caso el problema del DRM no es propio de libranda (ya vemos que lo es de las plataformas americanas que nos sirven muchas veces de referencia) sino que la mayoría de las librerías on-line (y en España hay ya unas cuantas) utilizan el mismo sistema. Publidisa lleva vendiendo libros electrónicos años (con menos bombo y platillo que libranda) y lo hace igualmente con DRM y con libertad de precios para el editor y sin embargo nadie les ha puesto a caer de un burro por ello (Llevo días preguntadome por qué a Libranda sí). Los usuarios han comprado libros en la plataforma de Publidisa (entre ellos, por ejemplo los de Minotauro Digital) que tiene muchos más libros que Libranda (y ahora también tiene los de Libranda) y no ha pasado nada. El DRM es un grave problema para el lector y debería ser suprimido, pero ahora estamos en fase de tanteo con el tema del libro electrónico y a los editores les preocupa mucho la piratería (solo hay que ver la de mesas redondas y conferencias sobre el tema que últimamente están dado CEDRO, el gremio de Editores, y hasta los propios escritores que ya se han puesto la venda antes de la herida y ya se quejan de pérdidas millonarias, como si cada libro que uno coge gratis en la red fuera un libro que compraría indefectiblemente si no lo encontrara gratis).
Aunque la crítica al DRM me parece lógica, y los usuarios tiene que hacer un proceso tedioso para poder empezar a leer el libro, y no pueden prestarlo (en Libranda se supone que sí) ni leerlos en ciertos dispositivos, tal crítica debe extenderse a todas las plataformas que lo usan y no solo a Libranda. ¿Podría Libranda optar por no usar DRM? Tal y como está el patio me temo que la mayoría de los editores y autores no hubieran aceptado vender sus libros sin DRM. Que el DRM es absurdo y no ofrece auténticas garantías lo sabemos, pero de momento es una puerta al campo que la mayoría prefieren usar por precaución. Seguramente pronto comprendan que no protege demasiado y que sí dificulta las ventas y se acabará eliminando o usando un sistema mejor. Pero de momento la mayoría de las plataformas digitales lo usan y en eso Libranda no ha inventado nada.

Otra queja es el papel de las librerías, muchos creen innecesario que las librerías vendan los libros. Estoy de acuerdo en que Libranda podría vender los libros directamente y se evitaría bastantes problemas, y además el precio de los libros podría ser menor, pero también es cierto que la librería es el principal punto de venta de los libros e ignorarlas en la venta del libro electrónico podría ser un problema, no solo para el libro en papel (aunque no creo que nadie crea que las librerías se enfadaran y dejaran de vender los libros de las editoriales que venden libros electrónicos directamente, aunque pudiera ser, cosas más raras se han visto), sino también para el futuro del libro en general, porque las librerías son fundamentales para el libro (aunque no todas, desde luego) y por tanto querer encontrarles un sitio en el mundo digital, no es tan descabellado. Pero también es verdad que las liberías deberían aportar algo al lector, en internet quizá tener diferentes clónicos de webs que venden el mismo libro no sirva de mucho, las librerías on-line deberían “currarse” el dar un valor añadido al lector para que elija comprar los libros en su web (pero eso sucede también off-line, odio ver librerías que son clónicas de otras siempre con los mismos best-seller en los escaparates y sin ofrecer realmente ningún valor añadido que la mera expendeduría). Y quizá, se podría aprovechar la presencia física de las librerías, la experiencia de los libreros, y la presencia de los lectores en ellas, para hacer que las librerías físicas sirvieran de soporte inicial para los lectores que se adentran en el mundo digital. Por ejemplo el proceso de compra y sobre todo de activación de los dispositivos en Adobe Digital Editions por el tema del DRM puede ser un proceso complejo para un lector no habituado a la tecnología, y quizá por eso las librerías podrían ofrecer soporte inicialmente para que el lector fuera a la librería a activar su lector electrónico y descargar su primer libro y recibir así una mini guía para hacerlo él en el futuro. Asimismo ofrecer a los lectores que visitan la librería a comprar en papel demostraciones de este proceso puede ser útil, porque muchos lectores han podido oír hablar de lectores electrónicos pero no han visto todavía lo bien que se lee en ellos y lo fácil que puede llegar a ser el empezar a leer un título en pocos minutos (sobre todo pasado el trámite inicial de la activación de ADE) . Quizá no todas las pequeñas librerías puedan hacerlo (pero muchas sí, porque muchas veces están más preparados sus profesionales en estas lides) pero evidentemente grandes librerías sí que pueden y deberían ofrecer un puesto de venta de libros online físicamente en sus librerías que además diera soporte a los lectores que quieran que les activen su dispositivo o les enseñen a hacerlo.

Otra queja que he leído estos días es que hay pocos títulos, algo más de 1000. Efectivamente son pocos, pero serán más, y lo más importante es que seguramente las editoriales implicadas publicarán muchas de sus novedades a partir de ahora en ambos formatos, que es lo que los lectores reclamamos hace tiempo, por tanto ahora son pocos, pero serán más. Démosle tiempo. Es injusto quejarse el día 15 de que hay pocos títulos, cuando el 14 no teníamos ninguno de esos 1000 títulos que en algunos casos son novedades de reciente publicación en papel . Digitalizar los libros en formato ePub no es un proceso tan rápido como algunos creen. Aunque se parte de un fichero digital, formatearlo para su adecuada lectura en los dispositivos digitales (que son diferentes también en su interpretación de algunos aspectos del código XHTML que es la base del ePub, entre otras cosas porque todavía son muy básicos) deben hacerlo profesionales (entre los que por otra parte me cuento) y a parte de cobrar por ello (algo que se olvida a veces al tener en cuenta el precio del ebook) invertir un tiempo que por pequeño que sea no permite tener miles de libros en unas semanas. La mayoría de las editoriales están digitalizando sus libros y poco a poco el número de libros tanto en Libranda como en otras plataformas crecerá a un ritmo mayor, para lo cual, todo hay que decirlo, será importante que las ventas respondan a las expectativas de los editores, que si ven que sus libros en digital no se venden quizá no sigan interesados en invertir en digitalización.

En general he leído muchas críticas, algunas injustas, que me dan la sensación de que estábamos esperando a que arrancara Libranda para despellejarla. No digo que sea perfecta, pero igual que dije en su momento que tampoco entendía tanta expectativa con ella (hay quizá ha estado parte del problema, la mucha expectacía que se ha levantado), porque no era nada nuevo, ya que existían otras plataformas y sobre todo que Publidisa llevaba haciendo lo mismo años, también digo ahora que lo que ofrece es la posibilidad de tener libros electrónicos de grandes editoriales , algo que muchos lectores reclamaban, y que por tanto los lectores debemos alegrarnos de este paso que aunque pequeño y quizá imperfecto puede ser el primer paso con el que empiezan todos los largos caminos. Ya lo tenemos, está ahí, no es perfecto, pero mejorará, y mejorará gracias a las críticas (sobre todo las constructivas) y a que el sector del libro electrónico coja empuje y se pueda permitir ciertos cambios, como bajar precios. Creo que Libranda es una buena noticia, como lo han sido en su día todoebook, leqtor, edi.cat, amabook,edibooks, luarna, bubok, y todas las editoriales y plataformas que llevan vendiendo libros electrónicos desde hace años.
Bienvenida pues Libranda, y ojalá que tenga éxito porque eso animara a más editoriales y a más lectores a leer en digital.

Un vistazo rápido al estado actual del libro digital

La situación del ebook en España parece un poco revuelta. Los editores y libreros parecen empeñarse en proteger al papel (aunque no está nada claro que esté amenazado) manteniendo por un lado un precio del libro digital muy cercano al precio en papel y por otro queriendo mantener el canal de venta de librerías también para el libro electrónico. Así al menos parece desprenderse de la presentación esta semana de Libranda, una plataforma que se ha presentando ahora pero para empezar en Julio (Aunque con solo 2000 libros) y realmente proponerse empezar con fuerza (ya veremos) en Septiembre. Pero lo realmente curioso es que las tiendas (porque no las quieren llamar librerías, vete tú a suponer por qué,) que venderán los títulos de Libranda (porque Libranda en el fondo es una distribuidora y no va a vender directamente al lector) son las que ya vendían libros electrónicos en la mayoría de los casos e incluso las que se supone son plataformas competencia de libranda, como leqtor, edi.cat o la propia todoebook (Publidisa) que es la que alimentaba de libros electrónicos a muchas de las tiendas (El corteinglés, Casa del Libro, Abac) que ahora también aparecen como tiendas de Libranda. Con lo cual parece que no hay mucho avance, salvo que en teoría ahora sí vamos a tener best-sellers en formato digital (o al menos libros de las grandes editoriales, por lo pronto 2000 títulos, que darán para alimentar a algún que otro lector ávido). En cualquier caso, y a pesar de las críticas que se le puede hacer, Libranda es un paso adelante (aunque algunos creen que es más un paso en falso).

Por su parte, los autores proponen un contrato de edición digital que ha sorprendido a muchos por lo exagerado de alguno de sus planteamientos, suponemos y queremos creer que con la intención de negociarlo con los editores y llegar a una versión más lógica para todos, algo así como la negociación Sindicatos-Patronal que no llegan a un acuerdo para permitir que luego llegue el sastre (gobierno) cortando, aunque en este caso el sastre, que quizá fuera el lector, no acaba de aparecer del todo en escena. En cualquier caso la propuesta de contrato ahí está y ya veremos si se usa o no.

Por otro lado, los agentes literarios, propietarios de muchos deseados derechos, parece que siguen esperando mejores momentos, o al menos eso dice algún editor que les echa la culpa de que los libros digitales no acaben de despegar. Y por su parte algún fabricante de lectores electrónicos ha tenido que suspender pagos, quizá asustados porque un aparatito que no es un libro electrónico (o sí, todo depende de si por libro electrónico entendemos los que utilizan tecnología de tinta digital o simplemente los que se pueden usar para leer contenidos) dicen que va a ser, paradójicamente, el libro electrónico preferido por los lectores, lo cual no me extraña porque fruto de un marketing descomunal la gente está loca por comprar un aparato caro que no hace gran cosa pero es muy bonito y que dicen que también salvará a la prensa, cuando a la prensa si la salva algo sería que recuperase la credibilidad, la puesta en duda de la información , la investigación, el rigor, la independencia.., etc. etc. todas esas cosas que se dan por hecho en la prensa y que no se suelen ver por ningún lado. Y por cierto el aparatito en cuestión como supondrán es el iPad.

Ante todo esto uno se pregunta si en el tema del libro electrónico no sucederá como contaba Pedro en Jesucristo Superstar y es que “Todo ha sido un sueño”, lo cual (lo siento) por asociación de ideas me lleva a Tedy Bautista y a la SGAE, y en un paso más a CEDRO que últimamente parece empeñarse en seguir los pasos de la SGAE con la excusa de que ahora la piratería sí amenaza al libro (y dan cifras grandilocuentes, basándose en que todo libro que uno coge gratis en la red lo acabaría comprando de no encontrarlo “pirateado”, o sea que todo lo que uno coge porque es gratis, si no fuera gratis lo pagaría al precio que ellos fijaran, aunque ellos dicen que en su calculo usan un algoritmo para hacer un cálculo real) , y en una reciente charla en la Feria del libro, la Asociación de Editores, Cedro, un representante de los escritores (Andrés Trapiello) y un tal Aldo Olcese al que confieso mi ignorancia, no conocía hasta ahora, se empeñaron en demostrarnos que el mundo se va a acabar… porque los piratas son delincuentes, manos derechas del doctor No que quieren hacerse con el mundo entero.. y en una versión de guerra preventiva tenemos que derrotar con todas las armas a nuestro alcance (aunque para ello haya que renuncia a algún que otro derecho fundamental) , porque van a acabar con la cultura, aunque el propio Olcese confiesa que al que se piratea es a Harry Potter y no a Schopenhauer (no recuerdo realmente qué filosofo o gran escritor mencionó, pero para el caso es lo mismo). Por cierto que el tal Olcese que resulta ser un empresario de éxito, preside (supongo que por alguna relación lógica que no he tenido tiempo ni ganas de investigar) la coalición de creadores (ah, ya entiendo, es que el nombre completo es “coalización de creadores e INDUSTRIAS de contenidos culturales” pero la segunda parte se suele omitir) , que son interlocutores con el Gobierno para la tenebrosa Ley de Economía Sostenible con la que nadie está contento y que quizá lo mismo ni se aprueba pero que de momento nos amenaza a todos, aunque tampoco hace falta, porque a pesar de que según Olcese la ley española es superpermisiva con los mal llamados piratas, resulta que cada x tiempo meten alguno en la cárcel (al menos unas horas o días, para que aprenda) a pesar de saber que después el juez dirá por enésima vez que no han cometido ningún delito, lo cual demuestra que la policía o el fiscal o alguien mete la pata continuamente o participan de una campaña de miedo que no parece muy propia de un estado democrático.

Conclusión, que desde que tengo mi Sony Reader leo más… en papel.

Felices lecturas.

En apoyo de la Biblioteca Nacional

A veces uno piensa que lo peor que puede hacer una institución (como una persona) es hacer las cosas bien, porque en cuanto las cosas empiezan a marchar bien alguien toma decisiones absurdas como esta y corta por lo sano el esfuerzo y el buen trabajo que se está haciendo. Desgraciadamente tengo la sensación de que alguien debió darle un codazo a otro alguien (no sé ni siquiera si sería a la propia Ministra o bien los codazos fueron en cadena hasta llegar a ella) y decirle : “Hay que tener cuidado, la Biblioteca Nacional empieza a funcionar bien y son muchos los que están fijando su mirada en ella, quizá los españoles empiecen a preguntarse por qué hay instituciones que funciona bien y otras tan rematadamente mal. ¡Hay que parar esto!”.. y de ahí que este recorte simbólico (pues a nadie se le escapa que 16 millones de euros no van a solucionar nada, y por supuesto que de esos 16 millones le corresponderán seguramente a la Biblioteca Nacional la parte más pequeña) solo sirva para parar los pies a aquellos y aquello que empiezan a destacarse por hacer las cosas bien como sin duda podrían haberse empezado a hacer hace mucho tiempo, como podrían hacerse en todas las instituciones, si no fuera por desinterés o por demasiado interés en hacerlas mal y rematadamente mal. Este es un caso de cómo en cultura solo importa lo que produce dividendos (dividendos que en cultura también se llaman derechos de autor) y que a la hora de recortar nunca se recortará de lo realmente superfluo o de lo que es, valga la redundancia; innecesario, sino de aquello que siendo sano, demasiado sano, conviene cortar de cuajo para que no contagie a los demás miembros de la cosa pública con su entusiasmo , o con sus ganas de hacer las cosas bien. No me quejo ya de que la cultura esté en el punto de mira de los recortes, porque en Cultura se podría recortar y mucho, incluso en altos cargos realmente superfluos, sino de que se haga en una institución con una labor importante y que precisamente en los últimos años ha sabido salir del elitismo y de cierto oscurantez para presentarse brillante y capaz de liderar un cambio hacia una nuevo siglo cultural, un futuro cultural que quizá contrasta demasiado con otro futuro cultural de quienes quieren que nos limitemos a consumir (palabra tan fea que significa también acabar con algo) la cultura en vez de asimilar, disfrutarla y finalmente compartirla con el enriquecimiento que hemos obtenido con ella. Por supuesto que apoyamos a Milagros del Corral y a la Bibioteca Nacional y a todas las bibliotecas y bibliotecarios que realizan una labor importante para que la cultura llegue a todos. No confío en que esta decisión se revoque, pero confío en que la labor iniciada por Milagros sea continuada aunque con las dificultades impuestas para hacer que si algún día salimos de esta crisis tan sospechosamente interesada, no salgamos más tontos aunque sí más escarmentados.

Otras formas de editar

Hace algunos días a raíz de la polémica suscitada por la ya conocida como “ley de la patada en el router” algunos editores hablaban también de imponer sanciones a los “lectores” que “pirateen” libros, sobre todo por el miedo que la mayoría de los editores tiene ante la plausible implantación del libro electrónico en un futuro no demasiado lejano. Evidentemente no todos los editores le temen al libro electrónico feroz ni todos los editores creen que hay que sancionar, prohibir, cerrar, etc. para proteger su negocio editorial, porque en el fondo es el negocio y no la cultura lo que se quiere proteger. Porque la cultura (sobre(mal)protegida como ya está) no necesita más protección sino que lo que realmente necesita protección son, en el caso de los libros, los lectores… es a los lectores a los que hay que cuidar, incluso me atrevería a decir mimar, y más aun si cabe a los no-lectores para que se conviertan en lectores. Por tanto el aumento de la supuesta piratería de libros en el fondo no hará otra cosa que aumentar el número de lectores y por tanto, aunque deba ser perseguida en lo que legalmente tenga de delito (cosa que a dia de hoy está aún indefinido) , en lo que se refiere al lector en ningún caso debiera jamás culparsele por leer, aunque en vez de pasar por caja lo haga pasando por emules o demás zarandajas, pues al fin y al cabo, si uno quiere leer gratis también tiene bibliotecas (y yo no me siento culpable por tomar prestado un libro de una biblioteca, sino todo lo contrario) a la vuelta de casi cualquier esquina y por tanto la facilidad de reproducción y distribución de “copias” de obras no es sino una gran biblioteca que ahorrará tiempo a los perezosos y permitirá encontrar más fácilmente obras difíciles pero que sobre todo aumentará las horas de lectura (y más teniendo en cuenta que la tirada media de libros en España no es mucho mayor de 1000 ejemplares por titulo) y seguramente creará nuevos lectores que finalmente acabarán pasando por alguna que otra caja como parece que se ha venido demostrando con el caso de la música.

Pero no era de eso de lo que quería yo hablar sino de que existen otras formas de editar, que no todas las editoriales son celosas de sus copias, sino que algunas incluso las distribuyen libremente con licencia copyleft para que aquel que no quiera pasar por caja no se quede sin leer obras que quizá sean muy interesantes, y me refiero a casos como Traficantes de sueños y su catálogo disponible en PDF en su página web para que todo lector pueda descargarse la obra que le interese y, respetando la licencia, hacer con ella lo que le plazca que, generalmente, será leerla. Hay pues otras formas de editar, como hay otras formas de escuchar música, otras formas de utilizar el software y en general, afortunadamente, muchas formas de ser.

Tú eliges cómo leerlo


En Minotauro Digital siempre hemos pensado que el lector debería poder elegir cómo leer el libro desde el momento en que se publica, que no debe esperar a que el libro aparezca en bolsillo, por ejemplo, o que debería tener la versión electrónica del libro también desde el primer momento. Coherentemente con esto nuestros libros están disponibles en papel y en e-book, pero con nuestro último título, El libro de Angelina, de Fernando Figueroa Saavedra, hemos querido además ofrecer una alternativa más, y además gratuita. El libro se podrá seguir por entregas (un capítulo cada semana) a través de la red social Facebook, al modo en el que en pasados siglos se siguieron importantes obras de la historia universal de la literatura a través de las entregas de los periódicos.

Es cierto que hay muchos editores que le tienen miedo a lo digital, nosotros no le tenemos miedo a lo digital(hay quien dice que somos valientes) ni tampoco a que los lectores puedan leer la obra sin comprarla, porque estamos convencidos de que los buenos lectores solo necesitan un buen texto y encontrar su forma de leerlo (papel, e-book, etc) y que la misión del editor es precisamente esa: que el lector y la obra se encuentren, lo cual, al final, siempre va a ser en beneficio de todos (autor, lector y editor) ya que el lector agradece encontrar “su” libro. Quizá esto sea lo último en innovación editorial o quizá solo un experimento que intente demostrar que lo importante es el contenido más allá de la forma. En cualquier caso ahí está el libro: en las librerías tradicionales, en las librerías digitales, y en Facebook.

¿Quieres leerlo? Puedes.

Las intrigas y asesinatos entre las familias nobles de la Venecia del siglo XVII obligan a Angelina, casi una niña aún, a huir disfrazada de hombre, de su querida Venecia. Acompañada únicamente por su fiel sirviente Pietrolino y las cartas de su padre adoptivo, el marques de Montefiero, que la irán guiando y desvelando los misterios de su origen, la joven Angelina tendrá que vérselas con un mundo en crisis, en constante cambio, donde la bondad y la maldad comparten un mismo sendero, y donde el valor y el ingenio; la magia y el amor; el erotismo y la filosofía; la nobleza y la mezquindad, formarán parte de lo cotidiano.

Fernando Figueroa Saavedra, lleva en sus apellidos toda una tradición literaria castellana, por lo que no era difícil que este doctor en Historia y artista gráfico, llegara a la novela después de dedicarse durante muchos años a la investigación, fruto de la cual ha publicado libros como el que ya se ha converitdo en libro de culto, Madrid-Graffiti y los que le sigueron El Graffiti Universitario, y Graphitfragen, todos ellos sobre el tema del graffiti en el que Fernando Figueroa es uno de los máximos expertos en el ámbito hispánico. Su formación de historiador queda patente en la perfecta recreación del mundo conocido del siglo XVII, y en el conocimiento de la mitología y de la geografía europea, africana y asiática que aparece en el libro. Su faceta artística también tiene cabida en la obra, pues la novela va acompañada de 57 ilustraciones realizadas por el autor y que recrean diferentes episodios de la historia de Angelina.

Fernando Figueroa Saavedrea, El libro de Angelina. Aventuras y tribulaciones de una amazona veneciana, Madrid, Minotauro Digital, Julio 2009, 280 páginas. 18 €. ISBN: 978-84-613-3052-2. 57 ilustraciones b/n.

Una de cada cuatro bibliotecas suspende en calidad, debido a carencias en los servicios ofrecidos y en la seguridad


Hablábamos el otro día de las bibliotecas y hoy me llega la revista Consumer de Eroski de este mes de Febrero con un informe sobre las Bibliotecas Públicas. Aunque el titular parezca decir que 1 de cada 4 bibliotecas es un desastre, lo cierto es que no es así, y el propio informe viene a decir que las bibliotecas aprueban:

La valoración final del servicio que ofrecen las bibliotecas se queda en un ‘aceptable’,que es también la calificación que merecen los apartados de servicios y seguridad de las instalaciones. Por su parte, tanto la información como la accesibilidad logran un ‘bien’, y destacan la limpieza y el mantenimiento de las bibliotecas, con un ‘muy bien’.

De todas formas creo que el informe es un poco injusto porque valora cosas que quizá no sean precisamente imprescindibles en una Biblioteca o que son exigencias quizá excesivas:

En una de cada cuatro no se encontraron salas de estudio personal y sólo tres de cada diez ofrecían salas de estudio para grupos. Además, el 27% de las bibliotecas carecía de zona wifi, el 17% no contaba con salas de ordenadores con acceso a Internet y sólo el 22% de ellas disponía de puntos de auto-préstamo, así como de servicio gratuito de taquillas a los usuarios. Además, otro servicio muy útil, el de fotocopistería, se encontró sólo en dos de cada tres bibliotecas. En el 40% no se hallaron puestos para visionar archivos de vídeo o de audio. Sin embargo, ocho de cada diez sí contaban con videoteca, fonoteca o hemeroteca.

Otra de las cosas que critica el informe es la falta de seguridad: “En el 75% de ellas no se vieron cámaras de seguridad dentro del edificio y casi en el 70% de las bibliotecas, ni siquiera fuera”. Bueno, lo de Gran Hermano ya llega a todas partes, pero lo de estar leyendo un libro sabiendo que alguien me está vigilando tampoco creo que sea lo que más importe a la hora de visitar una biblioteca, de hecho creo que me sentiría un poco incómodo leyendo según qué cosas…

Vamos, que en general lo que se valora como negativo son factores menores o incluso de un exceso de exigencia por parte de quienes lo han elaborado. Evidentemente hay mucho que mejorar en las Bibliotecas Públicas, pero yo creo que lo principal que hay que mejorar es la afluencia de público, conseguir que sean espacios realmente concurridos y no precisamente para conectarse a internet o visionar archivos de vídeo o audio (por cierto, curioso que el informe hable de “archivos” y no de dvd y cd, por ejemplo). Yo sigo sintiendo mucha tristeza cuando veo el poco uso que se hace de las Bibliotecas. Por ejemplo el pasado jueves en EL MUNDO una madre publicaba una carta en la que se quejaba de que no dejaran entrar a su hija menor en la Biblioteca Nacional, pero lo sorprendente es que la madre decía que como no la habían dejado entrar en la Nacional no le quedaba más remedio que recurrir a internet para hacer su trabajo escolar. ¡Dios mío! Si alrededor de la Biblioteca Nacional -que como todas las Bibliotecas Nacionales está especialmente destinada a la investigación y ahora dejan entrar a todos los mayores de 18 años- hay más de 6 Bibliotecas Públicas, mucho más adecuadas por organización y por el tipo de material para un menor y sus trabajos escolares. Quizá lo que falta es el conocimiento de la existencia de las Bibliotecas y de los servicios que ofrecen, y ahí vuelvo nuevamente al vídeo de la Biblioteca Provincial de Huelva que comentábamos el otro día.