Taller de creación de ebook en La Casa del Lector (Matadero de Madrid)

El próximo mes de noviembre imparto un taller de 12 horas en la Casa del Lector. Será los martes y jueves por la tarde las semanas del 10 al 19 de noviembre. El taller está pensado sobre todo para autores que quieren aprender a maquetar su texto en soporte ebook para su distribución a través de plataformas como Amazon, iTunes o Google Play, pero el curso es una buena iniciación a la maquetación digital, al etiquetado de contenido y la creación de estilos para dar formato así como a las características del formato ePub, creación de metadatos, tabla de contenido, validación, etc. El entorno de El Matadero de Madrid no puede ser más atractivo, las instalaciones de Casa del Lector son estupendas y el precio es de 150 €.

Taller de creación de ebook en la Casa del Lector. Madrid. 10 a 19 de noviembre.

Taller de creación de ebook en la Casa del Lector. Madrid. 10 a 19 de noviembre.

En esta página podéis encontrar el programa completo y las instrucciones para inscribirse en el curso.

Cursos de creación de ebook este verano en La Coruña y Santander

Este verano, además de los cursos que habitualmente imparto en Madrid en Cálamo y Cran, daré sendos cursos de creación de ebook en La Coruña y Santander.
El primero será del 6 al 10 de julio en la Facultad de Filología de la Universidad de la Coruña, en el campus de Zapateira. Organizado por SIELAE, Hispania (Grupo de investigación) y el Departamento de FIlología, el curso se ha dividido en dos módulos complementarios. En el primero abordaremos los aspectos fundamentales de la edición digital y aprenderemos a realizar directamente un libro electrónico en formato ePub 2. El segundo modulo está orientada a la creación igualmente de libros electrónicos en formato ePub con el programa Adobe InDesign.
Podéis encontrar toda la información en la web de SIELAE y en el PDF con el folleto del curso.
El curso en Santander será, como el año pasado, dentro de los Cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Este curso lo imparto con la colaboración de Luis Pablo Nuñez, e igualmente está planteado en forma de taller práctico en el que aprender a realizar libros electrónicos, validarlos y publicarlos, así como conocer los aspectos teóricos relacionados con la edición y distribución digital.
El año pasado fue la primera convocatoria  y el resultado fue muy positivo tanto para los profesores como los alumnos . Por otra parte,  además de, por supuesto, el aprendizaje; merece destacarse que Santander es una ciudad preciosa y tiene tal actividad cultural diaria que uno necesitaría dividirse para poder asistir a todo lo interesante por lo que estos cursos en Santander son también una oportunidad para disfrutar de la ciudad y sus actividades y de una semana de convivencia con el resto de alumnos y profesores.
Para este curso, además, existe la posibilidad de diferentes becas, tanto para la matrícula en sí, como para el alojamiento y la manutención.
El curso se celebrará del 17 al 21 de agosto y en la web de los cursos de verano podéis encontrar toda la información así como el acceso a la matriculación y solicitud de beca.
El grupo del curso 2014

El grupo del año pasado fue un grupo estupendo

La banalización de la cultura

El carnaval de Roma no es propiamente una fiesta que se le da al pueblo, sino que el pueblo se da a sí mismo.
Johann Wolfgang von Goethe, Viajes en Suiza y en Italia

Como todos los años, en torno al 1 de noviembre, surge el debate de si Halloween es una celebración extranjera importada por el poder del «imperio» estadounidense. Pero, en realidad, lo fundamental, desde mi punto de vista, no es si la fiesta es o no originaria de un determinado territorio u otro, máxime cuando dentro de la cultura occidental la mayoría de las tradiciones convergen en puntos comunes. El problema principal que se manifiesta en celebraciones como Halloween -pero en verdad, en prácticamente todas las celebraciones globalizadas- es la banalización de la cultura, entendida esta en su sentido antropológico.

A lo largo de la historia, la cultura popular ha sido asimilada a la tradición dominante, de forma que siempre ha habido un sustrato de cultura popular que llega hasta nuestros días. Que el carnaval o la propia celebración de la navidad son en el fondo enmascaramiento de tradiciones que se pierden en la noche de los tiempo es algo sabido. Esta cultura popular ha sido asimilada a nuevas tradiciones culturales que pretendían la hegemonía, como es evidente principalmente en la religión católica que asimila prácticamente toda la cultura pagana para no provocar una ruptura con el pueblo que le interesaba atraerse y que claramente iba a seguir celebrando sus fiestas en cualquier caso y al que, por tanto, había que ofrecer un nuevo marco integrador en el ámbito de la nueva religión. Que Jesús viniera a nacer precisamente un 25 de diciembre es una de esas extrañas casualidades que ofrece el azar a quienes escriben oficialmente la historia y que permitió que el pueblo pudiera seguir celebrando sus saturnales, se llamasen ahora como se llamasen.

Pero lo cierto es que estas nuevas tradiciones de alguna u otra forma a lo largo de estos procesos integradores siguen manteniendo en buena medida sus rasgos culturales mientras que en la actualidad la «cultura» dominante que fagocita todas estas tradiciones es precisamente la de la más absoluta banalización de la cultura, unida además a su mercantilización que es precisamente el espíritu de nuestra época.

Cualquiera que haya estudiado mínimamente la cultura popular sabe que bajo formas aparentemente fáciles o superficiales en busca a veces del disfrute -piénsese en el propio carnaval- se esconde siempre una profunda crítica social o incluso una trascendencia pre-existencialista nada desdeñable. Pero en la actualidad todas estas formas populares han sido englutidas por un capitalismo ramplón que solo las utiliza como reclamo en su afán de novedad en el ciclo del año para ofrecer sus productos, atendiendo de esta forma a otro instinto profundamente anclado en el hombre que es el impulso de cambio y de novedad aunque sea dentro de procesos cíclicos.

La cultura se ha banalizado hasta la extenuación. Que se celebre una fiesta de origen celta popularizada por el imperio cultural y económico que representan actualmente los Estados Unidos es quizá menos malo que el hecho de que dicha tradición se haya vaciado de gran parte de su componente cultural para mostrar sobre todo un factor comercial y precisamente homogeneizador en vez de reflexivo y crítico.

Nada hay en Halloween -más allá de determinadas formas externas- distinto de tradiciones similares asentadas hace siglos en España y en otros países occidentales, lo que es nuevo es precisamente su completa desconexión con toda esa tradición, su banalización, su mercantilización y, en definitiva, que la cultura, si es que se puede seguir dándole ese nombre, que hoy hegemoniza y globaliza todo el mundo sea esa que podemos llamar capitalismo, aunque quizá deberíamos referirnos a ella de forma elusiva, como tan a menudo se hace con la figura del maligno.

Si la cultura, como consideran los antropólogos, implica en definitiva un modo de vida, está claro lo peligroso que es esta banalización de la propia cultura porque implica una banalización de nuestro modo de vida. No en vano esta banalización de la cultura ha corrido paralela con otro fenómeno muy importante que es la expropiación del espacio público. No habrá mejor forma de luchar contra ambas que recuperando el espacio público y el espacio de la cultura y, como indica la cita de Goethe que abre este texto, que las fiestas no sea las que se les da al pueblo, sino que vuelvan a ser las que el pueblo se da a sí mismo.

Lectura polémica o una tonta reflexión sobre el libro

Leer un libro es en realidad entablar una batalla. Es cierto que amamos los libros, pero también que luchamos con ellos, quizá como se lucha con un amigo, medio en broma, medio en serio, para ver quién derriba primero al otro y echarse unas risas. Pero es una lucha, luchamos por vencerle, por acabar con él. Precisamente, por eso: por terminarlo. El libro que con sus 600 páginas descansa sobre mi mesilla es un reto, una llamada a entablar el combate, y al final solo puede quedar uno. Por eso la naturaleza del libro como objeto es tan importante. Porque tiene una dimensión física que no podemos obviar y que más allá del contenido, ocupa un espacio real. Su peso nos indica también la densidad de la lectura, su dimensión nos habla de las características del libro, y lo mucho o poco que juntemos los dedos a un lado u otro de la lectura, nos indica cuánto del libro hemos leído y cuándo nos queda por leer. Lo cual no es dato insignificante en la batalla.

El libro electrónico con sus infinitas ventajas -que no vendré aquí a enumerar, harto de hacerlo ya tantas veces-, nunca nos llamará de la misma forma, nunca nos mirará desde la estantería con un reproche por no haberle leído a pesar de haberlo comprado hace ya meses con tanta ilusión. Sentarse en el sofá del salón a mirar el estúpido televisor y sentir cientos de miradas desde la estantería… Esa sensación quizá no la tengamos nunca con el libro electrónico, como tantas otras. Pero claro, estamos hablando de nosotros, lectores impenitentes de más de 40 años que hemos crecido rodeados de libros y sabiendo que esa era la principal y a veces única forma de conocimiento, de entablar conversaciones con seres maravillosos que vivieron cientos o miles de años antes que nosotros hiciéramos nuestro primer pipí. Pretender que sea así con generaciones que han crecido rodeados de pantallas en las que para muchos cabe todo su mundo, es pretender quizá lo imposible.

Los adolescentes enganchados al móvil quizá sufran el mismo amor hacia esas pantallas que nosotros hacia los libros. Quizá el adolescente que siente la vibración de su móvil en el bolsillo y no puede sacarlo, y siente otra más, y sabe que los mensajes se van acumulando, sienta una sensación similar, un remordimiento parecido al que siento yo cuando noto los libros no leídos en los estantes. Quizá en el futuro, cuando algunos de esos chicos tengan nuestra edad y se hayan convertido en grandes lectores -porque a pesar de todo, en el futuro habrá lectores, habrá letraheridos, habrá amantes del libro, como los ha habido siempre porque como decía aquel, con mucho acierto: podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía- sientan esos remordimientos al abrir la aplicación de lectura y ver la imagen de las cubiertas de tantos libros esperando en la cola de lectura.

Pero es cierto que, como también decía aquel otro, todo es lucha, agonía y polémica (por el griego polemós, no por los estúpidas “polémicas” de televisión), y si la lectura en el fondo es una batalla contra el libro, contra el autor, por vencerlo, por terminarlo (aunque a veces es tan bello el combate que odiamos que llegue ese momento final que sin embargo a la vez ansiamos) hay quien quiere ver también una batalla -y además a muerte- entre el libro en papel y el libro digital. Enfrentar ambos modelos como quién pregunta al niño a quién quiere más si a mamá o a papá, no deja de ser, además de estúpido, una crueldad. Pretender que cada nuevo modelo tenga que enterrar necesariamente al anterior es pretender una huida hacia adelante en la que cada tiempo pasado no solo no fue mejor, sino que necesariamente ha tenido que ser peor.

Por suerte, no es así. El libro electrónico no va a acabar con nadie, porque lo que él mata goza de buena salud. Y como también decía Sancho, no hay mayor tontería que dejarse morir sin más ni más, sin que nadie lo mate. Así que el uno por el otro -como también diría, en es este caso mi abuela- la casa sin barrer y ni el libro en papel se muere, ni el electrónico lo mata.

Larga vida al libro, aunque espero rematar esta tarde el tomo que estoy leyendo.

Los partidos del “no”

no

Como hoy es jornada de reflexión os invito a reflexionar sobre nuestra participación en estas o en cualquier elección. Mi reflexión tiene que ver con los que llamaremos partidos del “no”, porque creo que a la hora de elegir a quién votar una buena forma de decidirlo es precisamente descartando a los partidos del “no”. ¿Y quiénes son los partidos del “no”? Pues son aquellos que su principal apuesta es precisamente un “no”. Por ejemplo, el partido en la oposición es casi siempre un partido del “no”, ¿por qué? Porque su apuesta, sus argumentos, sus discursos se centran casi por completo en un enorme “no” al partido que gobierna, es decir, aunque tengan propuestas, casi todas acaban englobadas o tapadas por un enorme “no”.

A su vez, el partido que gobierna, suele basar su estrategia también en un enorme “no”, principalmente un “no” al partido de la oposición con el argumento de “mira lo que hicieron ellos antes”, y generalmente quienes no les votan , suelen votar a otros no por esos otros sino por decirle un enorme “no” al partido que ha estado gobernando, porque es bien sabido que la mayoría de los votos son también votos del “no”, porque no votamos a alguien, sino casi siempre contra alguien.

Luego hay partidos cuyo propio nacimiento como partido surge de un  “no”, son partidos que nacieron para decir “no” a algunas cuestiones muy específicas, así hay partidos que nacen para decir “no” a la independencia de otros, o para decir “no” al terrorismo (como si fuera necesario decir “no” al terrorismo, especialmente cuando ese terrorismo al que hacen referencia ya no existe). Estos partidos son fáciles de distinguir porque aparte de ese enorme “no” todo lo demás que dicen suele coincidir con lo que dice otro gran partido (o más de las veces, pican de aquí y de allí), normalmente, otro gran partido del “no”.

También están los partidos cuya esencia es un gran “no”, son los partidos nacionalistas porque se basan sobre todo en un enorme “no” a seguir formando parte de algo, lo cual es legítimo y estoy completamente de acuerdo en que todo el mundo pueda decidir en cualquier momento decir “no” a formar parte de lo que sea, faltaría más; pero no podemos dejar de encontrar que estos partidos, tienen en su esencia como partido también un enorme “no”.

Por supuesto, los partidos fascistas o llamados de extrema derecha, también se asientan en un enorme “no”, un no al extranjero, un “no” al inmigrante, o en definitiva un “no al otro”. Son pues grandes partidos del “no”.

Y así, podemos ir descartando todos los partidos basados en el “no”… confiando en que, en el descarte, encontremos alguno que se base en algún enorme “sí”. ¿Y si no encuentro ningún partido del “si”? Pues es lo más probable, y en ese caso quizá lo mejor es elegir al que tenga menos “noes” o los tenga más pequeños.

¿Y no sería entonces mejor no votar? Pues no lo creo, porque precisamente no votar, es, sin lugar a dudas; el mayor voto del “no”.

“Cervantes, tras el realismo ideal”, un ebook

ImagenLa próxima semana celebraremos, como ya es habitual, el día del libro coincidiendo con la fecha aproximada de la muerte de Cervantes. Me ha parecido buena ocasión, por tanto, recuperar un texto escrito hace ya muchos años en el que hacía un recorrido por la vida y obra del autor del Quijote, y darle formato de libro electrónico para quien guste de conocer más sobre la figura de Cervantes y sobre sus obras.

Escribí este texto hace 16 años para lo que entonces muchos creían que serían los sustitutos de los libros en papel: los cd-rom multimedia. Por supuesto los cd-rom multimedia no desplazaron a los libros y, pasado algo de tiempo, dejaron de realizarse y hoy han quedado, como muchas otras tecnologías fallidas, solo en el recuerdo de unos pocos. Por esa misma razón este texto estaba condenado a perderse, puesto que difícilmente hoy puede encontrarse aquel cd-rom y quienes en su día lo compraran, seguramente lo tendrán en alguna caja de cartón en algún cuarto trastero. Quizá me equivoque pero, apostaría la mano de Cervantes, a que así es.

Pasados estos años y ahora que sí parece que los libros digitales se presentan como una opción de lectura y de acceso al conocimiento, y releyendo este texto, que tenía en su día una intención didáctica, me encuentro con la posibilidad de volver a ofrecerlo a quien pueda interesar en este nuevo soporte.

Por supuesto, he caído en la tentación de revisar el texto, pero quitando detalles de redacción (y alguna que otra errata) poco he modificado realmente. Dado que este texto no pretende ser un sesudo estudio sobre Cervantes, sino una aproximación a su figura y su obra para quienes quieran conocerla, no he añadido bibliografía ni he actualizado con supuestos nuevos datos que en estos 16 años han podido surgir o inventarse por los muchos cervantistas que en el mundo son. No es mi intención competir con ellos, aunque hubo un tiempo en que mis pasos parecían llevarme a ser uno de ellos, sino solo, no se entierren en la sepultura del olvido -como diría mi buen amigo Lázaro- estas páginas que en su día algo de esfuerzo me costaron, por mucho que al ser años juveniles, parezca que el esfuerzo debió de ser menor.

Acompaño al texto enlaces a los vídeos originales que en su día grabamos mi buen amigo Carlos Pérez y yo, en dos jornadas frenéticas en las que recorrimos Alcalá de Henares y el Madrid de los Austria para poder ilustrar este texto con los elementos multimedia que un cd-rom requería entonces, como hoy parece que requiere un libro digital que se precie.

Mi agradecimiento por supuesto a Carlos Pérez y a todos los que entonces se prestaron desinteresadamente a participar en la grabación, como aquel Cervantes que nos encontramos en la Plaza Santa Ana y que, espada y libro en ristre, se atrevió a dar vida a un poema cervantino. Agradecimiento también al arquitecto de la ciudad de Alcalá de Henares que nos mostró el antiguo corral de comedias de Alcalá, y por supuesto al personal de la casa de Cervantes que tampoco dudaron en regalarnos una visita guiada.

El libro puede descargarse desde la web de Amazon.

El asedio a Libranda

Me había propuesto no hablar de Libranda, pero en dos días he visto como las críticas que ha recibido son tantas, a veces tan exageradas y tan injustas y a veces partiendo de cierto desconocimiento (por ejemplo porque algunos creen que Libranda es la primera plataforma digital de libros electrónicos),  que al final me veo en la obligación de hacer algo que hace un par de días no imaginaría que haría: defenderla. Libranda ha cometido muchos errores, el primero el presentarse a bombo y platillo y sobre todo hacer hincapié en sí misma (quizá porque sus clientes son los libreros y editores y no el lector y era a ellos a los que le interesaba llegar) dando al lector la sensación de que Libranda es quien les vende los libros y no es así. La mayoría de los lectores no conocen por ejemplo a UDL, Les Punxet o Melisa. Seguramente sus nombres ni le suena ni sabría decir que son…, pero son las distribuidoras que se encargan de que los libros en papel estén en las librerías. Ese proceso es transparente al lector. Las distribuidoras no gasta publicidad para anunciarse en los periódicos, ni generalmente se habla de ellas en los medios generalistas, porque no tendría sentido, su cliente no es el ciudadano de a pie que compra libros, sus clientes son los editores y los libreros, por eso sí tiene sentido que aparezcan en medios dedicados a los profesionales del libro. Libranda ha cometido el error de aparecer en medios con mucha frecuencia en los últimos tiempos (culpa también de los medios que están ávidos de noticias y que han visto un filón en este tema, aunque también libranda con su política de comunicación ha contribuido enormemente a este desaguisado) y se ha hablado mucho de ella en internet, por lo que se ha creado la sensación al lector de que es Libranda la que vende los libros, cuando no era así. Los lectores han ido el 15 de julio a su web a comprar libros y se han encontrado que no era posible, se han perdido en sus páginas, y quizá alguno ha desistido. A todo esto ha contribuido la web de Libranda que es poco clara en este sentido y que no ha sabido tampoco aprovechar que los lectores iban a ir directamente a su página para redirigir a los títulos en alguna librería. Sería fácil que al pinchar en un título le saliera al usuario una opción a continuación para elegir librería y al pulsar en una ir directamente al título en esa librería. Un paso técnicamente sencillo y que permitiría al lector usar libranda también para comprar libros aunque al final lo hiciera en la web de la librería.

Otro error ha sido dejar demasiada libertad a las editoriales, o mejor dicho, Libranda se ha presentado como un todo, como una idea global de venta de libros electrónicos, pero después cada editorial va por libre por ejemplo en política de precios, por lo que nos encontramos con libros electrónicos a precios muy similares a los de papel mientras otras editoriales sí que han realizado una rebaja más sustancial del precio del libro electrónico. Libranda debería haber marcado unas pautas en ese sentido. Obligar (entre comillas) a una política de precio común, con un cierto margen y una lógica también común, porque por ejemplo hay editoriales que en papel venden libros en tapa dura que son lógicamente más caros, y otras editoriales que venden libros en bolsillo, y por tanto al hacer el 30% de descuento al libro electrónico, los libros electrónicos provenientes de tapa dura siguen teniendo un precio muy alto, pero ¿tiene algún sentido partir del precio del libro en tapa dura para fijar el precio del ebook? Evidentemente no, cuando el editor vende un libro en tapa dura es consciente de que fija un precio mayor primero por el coste superior de producción y segundo porque la presencia del libro es más atractiva para el lector y por tanto está dispuesto a pagar más por él, pero si convertimos ese libro a formato electrónico, ambas cosas carecen de sentido. Por tanto un política más coherente y general para todas las editoriales (siempre con cierto margen) hubiera sido más lógico y no hubiera decepcionado a algunos lectores que al encontrarse con algunos libros a precios excesivos pueden pensar que todos van a ser así y abandone la idea de comprar libros electrónicos. Pero Libranda está en beta y seguramente muchos editores se darán cuenta de que pocos lectores van a pagar 18 € por un libro electrónico. La política de precios tendrá que cambiar si realmente quieren vender libros electrónicos. Eso sí que creo que es algo importante, aunque también lo he dicho muchas veces, los que creen que un libro electrónico puede tener precio de saldo también se equivocan. Ni los libros electrónicos pueden venderse a 2€ ni tampoco a 20€, pero si el mercado empieza a estabilizarse estoy seguro de que se llegará al término medio, una cantidad que el lector está dispuesto a pagar por las características del producto y un precio en el que los agentes del libro pueden obtener cierta rentabilidad. Ese es un reto importante, no ya de libranda, sino del libro electrónico en general. Llegaremos a ello. Seguro.

Otro de los problemas es el DRM. Muchos están criticando que el proceso de compra es complicado y que el DRM no permite hacer con los libros comprados todo lo que quisiéramos. Incluso algún medio ha destacado que los libros de libranda no se pueden leer en Kindle ni en Ipad , olvidando que precisamente los libro comprados a Apple tampoco se pueden leer fuera del iPad ni los de Amazon fuera del Kindle precisamente porque ellos usan su propio DRM, eso sin tener en cuenta que iPad acaba de llegar y que ni siquiera es realmente un ereader en sentido estricto. En cualquier caso el problema del DRM no es propio de libranda (ya vemos que lo es de las plataformas americanas que nos sirven muchas veces de referencia) sino que la mayoría de las librerías on-line (y en España hay ya unas cuantas) utilizan el mismo sistema. Publidisa lleva vendiendo libros electrónicos años (con menos bombo y platillo que libranda) y lo hace igualmente con DRM y con libertad de precios para el editor y sin embargo nadie les ha puesto a caer de un burro por ello (Llevo días preguntadome por qué a Libranda sí). Los usuarios han comprado libros en la plataforma de Publidisa (entre ellos, por ejemplo los de Minotauro Digital) que tiene muchos más libros que Libranda (y ahora también tiene los de Libranda) y no ha pasado nada. El DRM es un grave problema para el lector y debería ser suprimido, pero ahora estamos en fase de tanteo con el tema del libro electrónico y a los editores les preocupa mucho la piratería (solo hay que ver la de mesas redondas y conferencias sobre el tema que últimamente están dado CEDRO, el gremio de Editores, y hasta los propios escritores que ya se han puesto la venda antes de la herida y ya se quejan de pérdidas millonarias, como si cada libro que uno coge gratis en la red fuera un libro que compraría indefectiblemente si no lo encontrara gratis).
Aunque la crítica al DRM me parece lógica, y los usuarios tiene que hacer un proceso tedioso para poder empezar a leer el libro, y no pueden prestarlo (en Libranda se supone que sí) ni leerlos en ciertos dispositivos, tal crítica debe extenderse a todas las plataformas que lo usan y no solo a Libranda. ¿Podría Libranda optar por no usar DRM? Tal y como está el patio me temo que la mayoría de los editores y autores no hubieran aceptado vender sus libros sin DRM. Que el DRM es absurdo y no ofrece auténticas garantías lo sabemos, pero de momento es una puerta al campo que la mayoría prefieren usar por precaución. Seguramente pronto comprendan que no protege demasiado y que sí dificulta las ventas y se acabará eliminando o usando un sistema mejor. Pero de momento la mayoría de las plataformas digitales lo usan y en eso Libranda no ha inventado nada.

Otra queja es el papel de las librerías, muchos creen innecesario que las librerías vendan los libros. Estoy de acuerdo en que Libranda podría vender los libros directamente y se evitaría bastantes problemas, y además el precio de los libros podría ser menor, pero también es cierto que la librería es el principal punto de venta de los libros e ignorarlas en la venta del libro electrónico podría ser un problema, no solo para el libro en papel (aunque no creo que nadie crea que las librerías se enfadaran y dejaran de vender los libros de las editoriales que venden libros electrónicos directamente, aunque pudiera ser, cosas más raras se han visto), sino también para el futuro del libro en general, porque las librerías son fundamentales para el libro (aunque no todas, desde luego) y por tanto querer encontrarles un sitio en el mundo digital, no es tan descabellado. Pero también es verdad que las liberías deberían aportar algo al lector, en internet quizá tener diferentes clónicos de webs que venden el mismo libro no sirva de mucho, las librerías on-line deberían “currarse” el dar un valor añadido al lector para que elija comprar los libros en su web (pero eso sucede también off-line, odio ver librerías que son clónicas de otras siempre con los mismos best-seller en los escaparates y sin ofrecer realmente ningún valor añadido que la mera expendeduría). Y quizá, se podría aprovechar la presencia física de las librerías, la experiencia de los libreros, y la presencia de los lectores en ellas, para hacer que las librerías físicas sirvieran de soporte inicial para los lectores que se adentran en el mundo digital. Por ejemplo el proceso de compra y sobre todo de activación de los dispositivos en Adobe Digital Editions por el tema del DRM puede ser un proceso complejo para un lector no habituado a la tecnología, y quizá por eso las librerías podrían ofrecer soporte inicialmente para que el lector fuera a la librería a activar su lector electrónico y descargar su primer libro y recibir así una mini guía para hacerlo él en el futuro. Asimismo ofrecer a los lectores que visitan la librería a comprar en papel demostraciones de este proceso puede ser útil, porque muchos lectores han podido oír hablar de lectores electrónicos pero no han visto todavía lo bien que se lee en ellos y lo fácil que puede llegar a ser el empezar a leer un título en pocos minutos (sobre todo pasado el trámite inicial de la activación de ADE) . Quizá no todas las pequeñas librerías puedan hacerlo (pero muchas sí, porque muchas veces están más preparados sus profesionales en estas lides) pero evidentemente grandes librerías sí que pueden y deberían ofrecer un puesto de venta de libros online físicamente en sus librerías que además diera soporte a los lectores que quieran que les activen su dispositivo o les enseñen a hacerlo.

Otra queja que he leído estos días es que hay pocos títulos, algo más de 1000. Efectivamente son pocos, pero serán más, y lo más importante es que seguramente las editoriales implicadas publicarán muchas de sus novedades a partir de ahora en ambos formatos, que es lo que los lectores reclamamos hace tiempo, por tanto ahora son pocos, pero serán más. Démosle tiempo. Es injusto quejarse el día 15 de que hay pocos títulos, cuando el 14 no teníamos ninguno de esos 1000 títulos que en algunos casos son novedades de reciente publicación en papel . Digitalizar los libros en formato ePub no es un proceso tan rápido como algunos creen. Aunque se parte de un fichero digital, formatearlo para su adecuada lectura en los dispositivos digitales (que son diferentes también en su interpretación de algunos aspectos del código XHTML que es la base del ePub, entre otras cosas porque todavía son muy básicos) deben hacerlo profesionales (entre los que por otra parte me cuento) y a parte de cobrar por ello (algo que se olvida a veces al tener en cuenta el precio del ebook) invertir un tiempo que por pequeño que sea no permite tener miles de libros en unas semanas. La mayoría de las editoriales están digitalizando sus libros y poco a poco el número de libros tanto en Libranda como en otras plataformas crecerá a un ritmo mayor, para lo cual, todo hay que decirlo, será importante que las ventas respondan a las expectativas de los editores, que si ven que sus libros en digital no se venden quizá no sigan interesados en invertir en digitalización.

En general he leído muchas críticas, algunas injustas, que me dan la sensación de que estábamos esperando a que arrancara Libranda para despellejarla. No digo que sea perfecta, pero igual que dije en su momento que tampoco entendía tanta expectativa con ella (hay quizá ha estado parte del problema, la mucha expectacía que se ha levantado), porque no era nada nuevo, ya que existían otras plataformas y sobre todo que Publidisa llevaba haciendo lo mismo años, también digo ahora que lo que ofrece es la posibilidad de tener libros electrónicos de grandes editoriales , algo que muchos lectores reclamaban, y que por tanto los lectores debemos alegrarnos de este paso que aunque pequeño y quizá imperfecto puede ser el primer paso con el que empiezan todos los largos caminos. Ya lo tenemos, está ahí, no es perfecto, pero mejorará, y mejorará gracias a las críticas (sobre todo las constructivas) y a que el sector del libro electrónico coja empuje y se pueda permitir ciertos cambios, como bajar precios. Creo que Libranda es una buena noticia, como lo han sido en su día todoebook, leqtor, edi.cat, amabook,edibooks, luarna, bubok, y todas las editoriales y plataformas que llevan vendiendo libros electrónicos desde hace años.
Bienvenida pues Libranda, y ojalá que tenga éxito porque eso animara a más editoriales y a más lectores a leer en digital.

Un vistazo rápido al estado actual del libro digital

La situación del ebook en España parece un poco revuelta. Los editores y libreros parecen empeñarse en proteger al papel (aunque no está nada claro que esté amenazado) manteniendo por un lado un precio del libro digital muy cercano al precio en papel y por otro queriendo mantener el canal de venta de librerías también para el libro electrónico. Así al menos parece desprenderse de la presentación esta semana de Libranda, una plataforma que se ha presentando ahora pero para empezar en Julio (Aunque con solo 2000 libros) y realmente proponerse empezar con fuerza (ya veremos) en Septiembre. Pero lo realmente curioso es que las tiendas (porque no las quieren llamar librerías, vete tú a suponer por qué,) que venderán los títulos de Libranda (porque Libranda en el fondo es una distribuidora y no va a vender directamente al lector) son las que ya vendían libros electrónicos en la mayoría de los casos e incluso las que se supone son plataformas competencia de libranda, como leqtor, edi.cat o la propia todoebook (Publidisa) que es la que alimentaba de libros electrónicos a muchas de las tiendas (El corteinglés, Casa del Libro, Abac) que ahora también aparecen como tiendas de Libranda. Con lo cual parece que no hay mucho avance, salvo que en teoría ahora sí vamos a tener best-sellers en formato digital (o al menos libros de las grandes editoriales, por lo pronto 2000 títulos, que darán para alimentar a algún que otro lector ávido). En cualquier caso, y a pesar de las críticas que se le puede hacer, Libranda es un paso adelante (aunque algunos creen que es más un paso en falso).

Por su parte, los autores proponen un contrato de edición digital que ha sorprendido a muchos por lo exagerado de alguno de sus planteamientos, suponemos y queremos creer que con la intención de negociarlo con los editores y llegar a una versión más lógica para todos, algo así como la negociación Sindicatos-Patronal que no llegan a un acuerdo para permitir que luego llegue el sastre (gobierno) cortando, aunque en este caso el sastre, que quizá fuera el lector, no acaba de aparecer del todo en escena. En cualquier caso la propuesta de contrato ahí está y ya veremos si se usa o no.

Por otro lado, los agentes literarios, propietarios de muchos deseados derechos, parece que siguen esperando mejores momentos, o al menos eso dice algún editor que les echa la culpa de que los libros digitales no acaben de despegar. Y por su parte algún fabricante de lectores electrónicos ha tenido que suspender pagos, quizá asustados porque un aparatito que no es un libro electrónico (o sí, todo depende de si por libro electrónico entendemos los que utilizan tecnología de tinta digital o simplemente los que se pueden usar para leer contenidos) dicen que va a ser, paradójicamente, el libro electrónico preferido por los lectores, lo cual no me extraña porque fruto de un marketing descomunal la gente está loca por comprar un aparato caro que no hace gran cosa pero es muy bonito y que dicen que también salvará a la prensa, cuando a la prensa si la salva algo sería que recuperase la credibilidad, la puesta en duda de la información , la investigación, el rigor, la independencia.., etc. etc. todas esas cosas que se dan por hecho en la prensa y que no se suelen ver por ningún lado. Y por cierto el aparatito en cuestión como supondrán es el iPad.

Ante todo esto uno se pregunta si en el tema del libro electrónico no sucederá como contaba Pedro en Jesucristo Superstar y es que “Todo ha sido un sueño”, lo cual (lo siento) por asociación de ideas me lleva a Tedy Bautista y a la SGAE, y en un paso más a CEDRO que últimamente parece empeñarse en seguir los pasos de la SGAE con la excusa de que ahora la piratería sí amenaza al libro (y dan cifras grandilocuentes, basándose en que todo libro que uno coge gratis en la red lo acabaría comprando de no encontrarlo “pirateado”, o sea que todo lo que uno coge porque es gratis, si no fuera gratis lo pagaría al precio que ellos fijaran, aunque ellos dicen que en su calculo usan un algoritmo para hacer un cálculo real) , y en una reciente charla en la Feria del libro, la Asociación de Editores, Cedro, un representante de los escritores (Andrés Trapiello) y un tal Aldo Olcese al que confieso mi ignorancia, no conocía hasta ahora, se empeñaron en demostrarnos que el mundo se va a acabar… porque los piratas son delincuentes, manos derechas del doctor No que quieren hacerse con el mundo entero.. y en una versión de guerra preventiva tenemos que derrotar con todas las armas a nuestro alcance (aunque para ello haya que renuncia a algún que otro derecho fundamental) , porque van a acabar con la cultura, aunque el propio Olcese confiesa que al que se piratea es a Harry Potter y no a Schopenhauer (no recuerdo realmente qué filosofo o gran escritor mencionó, pero para el caso es lo mismo). Por cierto que el tal Olcese que resulta ser un empresario de éxito, preside (supongo que por alguna relación lógica que no he tenido tiempo ni ganas de investigar) la coalición de creadores (ah, ya entiendo, es que el nombre completo es “coalización de creadores e INDUSTRIAS de contenidos culturales” pero la segunda parte se suele omitir) , que son interlocutores con el Gobierno para la tenebrosa Ley de Economía Sostenible con la que nadie está contento y que quizá lo mismo ni se aprueba pero que de momento nos amenaza a todos, aunque tampoco hace falta, porque a pesar de que según Olcese la ley española es superpermisiva con los mal llamados piratas, resulta que cada x tiempo meten alguno en la cárcel (al menos unas horas o días, para que aprenda) a pesar de saber que después el juez dirá por enésima vez que no han cometido ningún delito, lo cual demuestra que la policía o el fiscal o alguien mete la pata continuamente o participan de una campaña de miedo que no parece muy propia de un estado democrático.

Conclusión, que desde que tengo mi Sony Reader leo más… en papel.

Felices lecturas.

Otras formas de editar

Hace algunos días a raíz de la polémica suscitada por la ya conocida como “ley de la patada en el router” algunos editores hablaban también de imponer sanciones a los “lectores” que “pirateen” libros, sobre todo por el miedo que la mayoría de los editores tiene ante la plausible implantación del libro electrónico en un futuro no demasiado lejano. Evidentemente no todos los editores le temen al libro electrónico feroz ni todos los editores creen que hay que sancionar, prohibir, cerrar, etc. para proteger su negocio editorial, porque en el fondo es el negocio y no la cultura lo que se quiere proteger. Porque la cultura (sobre(mal)protegida como ya está) no necesita más protección sino que lo que realmente necesita protección son, en el caso de los libros, los lectores… es a los lectores a los que hay que cuidar, incluso me atrevería a decir mimar, y más aun si cabe a los no-lectores para que se conviertan en lectores. Por tanto el aumento de la supuesta piratería de libros en el fondo no hará otra cosa que aumentar el número de lectores y por tanto, aunque deba ser perseguida en lo que legalmente tenga de delito (cosa que a dia de hoy está aún indefinido) , en lo que se refiere al lector en ningún caso debiera jamás culparsele por leer, aunque en vez de pasar por caja lo haga pasando por emules o demás zarandajas, pues al fin y al cabo, si uno quiere leer gratis también tiene bibliotecas (y yo no me siento culpable por tomar prestado un libro de una biblioteca, sino todo lo contrario) a la vuelta de casi cualquier esquina y por tanto la facilidad de reproducción y distribución de “copias” de obras no es sino una gran biblioteca que ahorrará tiempo a los perezosos y permitirá encontrar más fácilmente obras difíciles pero que sobre todo aumentará las horas de lectura (y más teniendo en cuenta que la tirada media de libros en España no es mucho mayor de 1000 ejemplares por titulo) y seguramente creará nuevos lectores que finalmente acabarán pasando por alguna que otra caja como parece que se ha venido demostrando con el caso de la música.

Pero no era de eso de lo que quería yo hablar sino de que existen otras formas de editar, que no todas las editoriales son celosas de sus copias, sino que algunas incluso las distribuyen libremente con licencia copyleft para que aquel que no quiera pasar por caja no se quede sin leer obras que quizá sean muy interesantes, y me refiero a casos como Traficantes de sueños y su catálogo disponible en PDF en su página web para que todo lector pueda descargarse la obra que le interese y, respetando la licencia, hacer con ella lo que le plazca que, generalmente, será leerla. Hay pues otras formas de editar, como hay otras formas de escuchar música, otras formas de utilizar el software y en general, afortunadamente, muchas formas de ser.

Tú eliges cómo leerlo


En Minotauro Digital siempre hemos pensado que el lector debería poder elegir cómo leer el libro desde el momento en que se publica, que no debe esperar a que el libro aparezca en bolsillo, por ejemplo, o que debería tener la versión electrónica del libro también desde el primer momento. Coherentemente con esto nuestros libros están disponibles en papel y en e-book, pero con nuestro último título, El libro de Angelina, de Fernando Figueroa Saavedra, hemos querido además ofrecer una alternativa más, y además gratuita. El libro se podrá seguir por entregas (un capítulo cada semana) a través de la red social Facebook, al modo en el que en pasados siglos se siguieron importantes obras de la historia universal de la literatura a través de las entregas de los periódicos.

Es cierto que hay muchos editores que le tienen miedo a lo digital, nosotros no le tenemos miedo a lo digital(hay quien dice que somos valientes) ni tampoco a que los lectores puedan leer la obra sin comprarla, porque estamos convencidos de que los buenos lectores solo necesitan un buen texto y encontrar su forma de leerlo (papel, e-book, etc) y que la misión del editor es precisamente esa: que el lector y la obra se encuentren, lo cual, al final, siempre va a ser en beneficio de todos (autor, lector y editor) ya que el lector agradece encontrar “su” libro. Quizá esto sea lo último en innovación editorial o quizá solo un experimento que intente demostrar que lo importante es el contenido más allá de la forma. En cualquier caso ahí está el libro: en las librerías tradicionales, en las librerías digitales, y en Facebook.

¿Quieres leerlo? Puedes.

Las intrigas y asesinatos entre las familias nobles de la Venecia del siglo XVII obligan a Angelina, casi una niña aún, a huir disfrazada de hombre, de su querida Venecia. Acompañada únicamente por su fiel sirviente Pietrolino y las cartas de su padre adoptivo, el marques de Montefiero, que la irán guiando y desvelando los misterios de su origen, la joven Angelina tendrá que vérselas con un mundo en crisis, en constante cambio, donde la bondad y la maldad comparten un mismo sendero, y donde el valor y el ingenio; la magia y el amor; el erotismo y la filosofía; la nobleza y la mezquindad, formarán parte de lo cotidiano.

Fernando Figueroa Saavedra, lleva en sus apellidos toda una tradición literaria castellana, por lo que no era difícil que este doctor en Historia y artista gráfico, llegara a la novela después de dedicarse durante muchos años a la investigación, fruto de la cual ha publicado libros como el que ya se ha converitdo en libro de culto, Madrid-Graffiti y los que le sigueron El Graffiti Universitario, y Graphitfragen, todos ellos sobre el tema del graffiti en el que Fernando Figueroa es uno de los máximos expertos en el ámbito hispánico. Su formación de historiador queda patente en la perfecta recreación del mundo conocido del siglo XVII, y en el conocimiento de la mitología y de la geografía europea, africana y asiática que aparece en el libro. Su faceta artística también tiene cabida en la obra, pues la novela va acompañada de 57 ilustraciones realizadas por el autor y que recrean diferentes episodios de la historia de Angelina.

Fernando Figueroa Saavedrea, El libro de Angelina. Aventuras y tribulaciones de una amazona veneciana, Madrid, Minotauro Digital, Julio 2009, 280 páginas. 18 €. ISBN: 978-84-613-3052-2. 57 ilustraciones b/n.