Cursos de creación de ebook este verano en La Coruña y Santander

Este verano, además de los cursos que habitualmente imparto en Madrid en Cálamo y Cran, daré sendos cursos de creación de ebook en La Coruña y Santander.
El primero será del 6 al 10 de julio en la Facultad de Filología de la Universidad de la Coruña, en el campus de Zapateira. Organizado por SIELAE, Hispania (Grupo de investigación) y el Departamento de FIlología, el curso se ha dividido en dos módulos complementarios. En el primero abordaremos los aspectos fundamentales de la edición digital y aprenderemos a realizar directamente un libro electrónico en formato ePub 2. El segundo modulo está orientada a la creación igualmente de libros electrónicos en formato ePub con el programa Adobe InDesign.
Podéis encontrar toda la información en la web de SIELAE y en el PDF con el folleto del curso.
El curso en Santander será, como el año pasado, dentro de los Cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Este curso lo imparto con la colaboración de Luis Pablo Nuñez, e igualmente está planteado en forma de taller práctico en el que aprender a realizar libros electrónicos, validarlos y publicarlos, así como conocer los aspectos teóricos relacionados con la edición y distribución digital.
El año pasado fue la primera convocatoria  y el resultado fue muy positivo tanto para los profesores como los alumnos . Por otra parte,  además de, por supuesto, el aprendizaje; merece destacarse que Santander es una ciudad preciosa y tiene tal actividad cultural diaria que uno necesitaría dividirse para poder asistir a todo lo interesante por lo que estos cursos en Santander son también una oportunidad para disfrutar de la ciudad y sus actividades y de una semana de convivencia con el resto de alumnos y profesores.
Para este curso, además, existe la posibilidad de diferentes becas, tanto para la matrícula en sí, como para el alojamiento y la manutención.
El curso se celebrará del 17 al 21 de agosto y en la web de los cursos de verano podéis encontrar toda la información así como el acceso a la matriculación y solicitud de beca.
El grupo del curso 2014

El grupo del año pasado fue un grupo estupendo

El experimento ha sido todo un éxito

Hace unos meses me hizo gracia un comentario en un foro en el que un autor autoeditado se quejaba de que cuando su libro era gratuito lo descargaba mucha gente y sin embargo cuando lo vendía no tenía precisamente el mismo éxito. Me hizo gracia el comentario por lo ingenuo, claro, pero en el fondo lo que planteaba ese autor cándidamente era la otra cara de la moneda de lo que la “industria” editorial viene utilizando como argumento hace mucho tiempo: aquello de que todo libro descargado “ilegalmente” es una venta perdida de ese mismo libro, razonamiento que usan de base para hacer esos cálculos disparatados de dinero perdido que aparecen cada cierto tiempo en los titulares de los periódicos. Para estos “industriales” cuando un usuario se descarga un libro que encuentra gratis en la red si no lo hubiera encontrado hubiera ido directamente a una tienda electrónica a comprar el mismo libro en formato digital o bien hubiera ido a la librería más cercana de su casa a comprarlo en papel. El argumento no se sostiene, y ellos lo saben… creo.

Pero se podría demostrar fácilmente. Siempre he pensado algún día hacer un experimento para demostrarlo. El experimento consiste en poner un puestecito (para la cual ya sé que tendría que pedir varios permisos si no quiero acabar con una multa entre otras consecuencias) a la salida de alguna estación de metro con cierto tráfico y regalar a todo el que quisera un ejemplar de, por ejemplo, Aviso de privados y doctrina de cortesanos de Antonio de Guevara, un autor del siglo XVI del que es probable que la mayoría de los transeúntes que pasaran por mi puesto no hubieran oído hablar nunca. El experimento se basa en la hipótesis de que, a pesar de no ser capaces de situar a este autor en el tiempo ni el espacio, los 100 o 200 ejemplares de mi experimento desaparecerían rápidamente porque muchos aceptarían el regalo alegremente. El experimento, por supuesto, costa de una segunda parte, en el que el mismo puesto se colocaría -otra vez, solicitando los permisos oportunos- en otra salida de metro con la similar concurrencia, pero esta vez poniéndole al libro el módico precio de 1 €. Es de suponer que al margen de algún que otro despistado, algún conocedor de la literatura del siglo XVI y algún que otro amante de las gangas o simplemente comprador compulsivo de libros; no conseguiría vender muchos ejemplares. La comparativa entre las “ventas” de un día y otro sería muy desigual.

Como lo de pedir permisos y ponerme a vender o regalar libros en la calle me parecía muy complicado, pensé hacer el experimento a la manera del autor del principio de este cuento. Efectivamente elegí un libro que tampoco de entrada se ofrecía a ser un best-seller y que de hecho había vendido unos pocos ejemplares en los meses que llevaba a la venta, y decidí aprovechar la opción de Amazon de ponerlo gratuito durante un período de tiempo. Así lo hice, y mi libro Cervantes, tras el realismo ideal estuvo en descarga gratuita desde el día 20 al 24 de octubre, y el resultado es este:

27 descargas del libro "Cervantes, tras el realismo ideal" en 5 días de período gratuito.

27 descargas del libro “Cervantes, tras el realismo ideal” en 5 días de período gratuito.

Efectivamente, 27 descargas en 5 días, a una media de unos 5 libros por día. No está mal. Según el planteamiento de los “industriales” del libro, yo habría perdido unos 27 € (el libro se vende a 1,50 y Amazon se quedan con el 35 %). Si hubiera alguna forma de echarle la culpa a alguien y reclamar esos 27 € yo tendría que hacerlo -a ser posible con un enfado monumental, y chillando lo más alto posible- o sería un estúpido. Sin embargo, lo cierto, es que el libro nunca ha vendido 27 ejemplares en 5 días y, si soy sincero, ni la mitad en los meses que lleva a la venta. Pero precisamente si Amazon -que nadie me negará que quiere ganar dinero- utiliza este sistema de promoción de libros es porque tiene la certeza, comprobada, de que la descarga gratuita de un libro en determinados períodos de tiempo, favorece la venta posterior del mismo libro. ¿Qué sentido tendría, si no, el que Amazon “regale” un libro así como así? Pero en cualquier caso lo que el experimento demuestra es que cuando el libro no estaba gratuito no sufrió una avalancha de compras que se corresponda proporcionalmente con las veces que se ha descargado cuando solo estaba al alcance de un clic. Es decir que no hay una relación directa entre las veces que los lectores acceden a libros cuando no les cuestan nada -sea de la forma que sea- y las veces que lo comprarían si no lo hubieran encontrado de forma gratuita.

Bueno, no es mi experimento soñado -el del tenderete a la boca de metro- pero sin duda ha sido todo un éxito. En vez de pensar que he perdido 27 ventas yo sé que he ganado 27 posibles lectores -también sería ingenuo pensar que las 27 personas que se han descargado el libro lo vayan a leer, pero alguno seguro que sí- y es probable que en los próximos días algún lector despistado, algún interesado por la literatura del siglo XVI y algún otro amante de las gangas o simplemente comprador compulsivo de libros, descargue Cervantes, tras el realismo ideal esta vez sí pagando ese euro y medio.

El asedio a Libranda

Me había propuesto no hablar de Libranda, pero en dos días he visto como las críticas que ha recibido son tantas, a veces tan exageradas y tan injustas y a veces partiendo de cierto desconocimiento (por ejemplo porque algunos creen que Libranda es la primera plataforma digital de libros electrónicos),  que al final me veo en la obligación de hacer algo que hace un par de días no imaginaría que haría: defenderla. Libranda ha cometido muchos errores, el primero el presentarse a bombo y platillo y sobre todo hacer hincapié en sí misma (quizá porque sus clientes son los libreros y editores y no el lector y era a ellos a los que le interesaba llegar) dando al lector la sensación de que Libranda es quien les vende los libros y no es así. La mayoría de los lectores no conocen por ejemplo a UDL, Les Punxet o Melisa. Seguramente sus nombres ni le suena ni sabría decir que son…, pero son las distribuidoras que se encargan de que los libros en papel estén en las librerías. Ese proceso es transparente al lector. Las distribuidoras no gasta publicidad para anunciarse en los periódicos, ni generalmente se habla de ellas en los medios generalistas, porque no tendría sentido, su cliente no es el ciudadano de a pie que compra libros, sus clientes son los editores y los libreros, por eso sí tiene sentido que aparezcan en medios dedicados a los profesionales del libro. Libranda ha cometido el error de aparecer en medios con mucha frecuencia en los últimos tiempos (culpa también de los medios que están ávidos de noticias y que han visto un filón en este tema, aunque también libranda con su política de comunicación ha contribuido enormemente a este desaguisado) y se ha hablado mucho de ella en internet, por lo que se ha creado la sensación al lector de que es Libranda la que vende los libros, cuando no era así. Los lectores han ido el 15 de julio a su web a comprar libros y se han encontrado que no era posible, se han perdido en sus páginas, y quizá alguno ha desistido. A todo esto ha contribuido la web de Libranda que es poco clara en este sentido y que no ha sabido tampoco aprovechar que los lectores iban a ir directamente a su página para redirigir a los títulos en alguna librería. Sería fácil que al pinchar en un título le saliera al usuario una opción a continuación para elegir librería y al pulsar en una ir directamente al título en esa librería. Un paso técnicamente sencillo y que permitiría al lector usar libranda también para comprar libros aunque al final lo hiciera en la web de la librería.

Otro error ha sido dejar demasiada libertad a las editoriales, o mejor dicho, Libranda se ha presentado como un todo, como una idea global de venta de libros electrónicos, pero después cada editorial va por libre por ejemplo en política de precios, por lo que nos encontramos con libros electrónicos a precios muy similares a los de papel mientras otras editoriales sí que han realizado una rebaja más sustancial del precio del libro electrónico. Libranda debería haber marcado unas pautas en ese sentido. Obligar (entre comillas) a una política de precio común, con un cierto margen y una lógica también común, porque por ejemplo hay editoriales que en papel venden libros en tapa dura que son lógicamente más caros, y otras editoriales que venden libros en bolsillo, y por tanto al hacer el 30% de descuento al libro electrónico, los libros electrónicos provenientes de tapa dura siguen teniendo un precio muy alto, pero ¿tiene algún sentido partir del precio del libro en tapa dura para fijar el precio del ebook? Evidentemente no, cuando el editor vende un libro en tapa dura es consciente de que fija un precio mayor primero por el coste superior de producción y segundo porque la presencia del libro es más atractiva para el lector y por tanto está dispuesto a pagar más por él, pero si convertimos ese libro a formato electrónico, ambas cosas carecen de sentido. Por tanto un política más coherente y general para todas las editoriales (siempre con cierto margen) hubiera sido más lógico y no hubiera decepcionado a algunos lectores que al encontrarse con algunos libros a precios excesivos pueden pensar que todos van a ser así y abandone la idea de comprar libros electrónicos. Pero Libranda está en beta y seguramente muchos editores se darán cuenta de que pocos lectores van a pagar 18 € por un libro electrónico. La política de precios tendrá que cambiar si realmente quieren vender libros electrónicos. Eso sí que creo que es algo importante, aunque también lo he dicho muchas veces, los que creen que un libro electrónico puede tener precio de saldo también se equivocan. Ni los libros electrónicos pueden venderse a 2€ ni tampoco a 20€, pero si el mercado empieza a estabilizarse estoy seguro de que se llegará al término medio, una cantidad que el lector está dispuesto a pagar por las características del producto y un precio en el que los agentes del libro pueden obtener cierta rentabilidad. Ese es un reto importante, no ya de libranda, sino del libro electrónico en general. Llegaremos a ello. Seguro.

Otro de los problemas es el DRM. Muchos están criticando que el proceso de compra es complicado y que el DRM no permite hacer con los libros comprados todo lo que quisiéramos. Incluso algún medio ha destacado que los libros de libranda no se pueden leer en Kindle ni en Ipad , olvidando que precisamente los libro comprados a Apple tampoco se pueden leer fuera del iPad ni los de Amazon fuera del Kindle precisamente porque ellos usan su propio DRM, eso sin tener en cuenta que iPad acaba de llegar y que ni siquiera es realmente un ereader en sentido estricto. En cualquier caso el problema del DRM no es propio de libranda (ya vemos que lo es de las plataformas americanas que nos sirven muchas veces de referencia) sino que la mayoría de las librerías on-line (y en España hay ya unas cuantas) utilizan el mismo sistema. Publidisa lleva vendiendo libros electrónicos años (con menos bombo y platillo que libranda) y lo hace igualmente con DRM y con libertad de precios para el editor y sin embargo nadie les ha puesto a caer de un burro por ello (Llevo días preguntadome por qué a Libranda sí). Los usuarios han comprado libros en la plataforma de Publidisa (entre ellos, por ejemplo los de Minotauro Digital) que tiene muchos más libros que Libranda (y ahora también tiene los de Libranda) y no ha pasado nada. El DRM es un grave problema para el lector y debería ser suprimido, pero ahora estamos en fase de tanteo con el tema del libro electrónico y a los editores les preocupa mucho la piratería (solo hay que ver la de mesas redondas y conferencias sobre el tema que últimamente están dado CEDRO, el gremio de Editores, y hasta los propios escritores que ya se han puesto la venda antes de la herida y ya se quejan de pérdidas millonarias, como si cada libro que uno coge gratis en la red fuera un libro que compraría indefectiblemente si no lo encontrara gratis).
Aunque la crítica al DRM me parece lógica, y los usuarios tiene que hacer un proceso tedioso para poder empezar a leer el libro, y no pueden prestarlo (en Libranda se supone que sí) ni leerlos en ciertos dispositivos, tal crítica debe extenderse a todas las plataformas que lo usan y no solo a Libranda. ¿Podría Libranda optar por no usar DRM? Tal y como está el patio me temo que la mayoría de los editores y autores no hubieran aceptado vender sus libros sin DRM. Que el DRM es absurdo y no ofrece auténticas garantías lo sabemos, pero de momento es una puerta al campo que la mayoría prefieren usar por precaución. Seguramente pronto comprendan que no protege demasiado y que sí dificulta las ventas y se acabará eliminando o usando un sistema mejor. Pero de momento la mayoría de las plataformas digitales lo usan y en eso Libranda no ha inventado nada.

Otra queja es el papel de las librerías, muchos creen innecesario que las librerías vendan los libros. Estoy de acuerdo en que Libranda podría vender los libros directamente y se evitaría bastantes problemas, y además el precio de los libros podría ser menor, pero también es cierto que la librería es el principal punto de venta de los libros e ignorarlas en la venta del libro electrónico podría ser un problema, no solo para el libro en papel (aunque no creo que nadie crea que las librerías se enfadaran y dejaran de vender los libros de las editoriales que venden libros electrónicos directamente, aunque pudiera ser, cosas más raras se han visto), sino también para el futuro del libro en general, porque las librerías son fundamentales para el libro (aunque no todas, desde luego) y por tanto querer encontrarles un sitio en el mundo digital, no es tan descabellado. Pero también es verdad que las liberías deberían aportar algo al lector, en internet quizá tener diferentes clónicos de webs que venden el mismo libro no sirva de mucho, las librerías on-line deberían “currarse” el dar un valor añadido al lector para que elija comprar los libros en su web (pero eso sucede también off-line, odio ver librerías que son clónicas de otras siempre con los mismos best-seller en los escaparates y sin ofrecer realmente ningún valor añadido que la mera expendeduría). Y quizá, se podría aprovechar la presencia física de las librerías, la experiencia de los libreros, y la presencia de los lectores en ellas, para hacer que las librerías físicas sirvieran de soporte inicial para los lectores que se adentran en el mundo digital. Por ejemplo el proceso de compra y sobre todo de activación de los dispositivos en Adobe Digital Editions por el tema del DRM puede ser un proceso complejo para un lector no habituado a la tecnología, y quizá por eso las librerías podrían ofrecer soporte inicialmente para que el lector fuera a la librería a activar su lector electrónico y descargar su primer libro y recibir así una mini guía para hacerlo él en el futuro. Asimismo ofrecer a los lectores que visitan la librería a comprar en papel demostraciones de este proceso puede ser útil, porque muchos lectores han podido oír hablar de lectores electrónicos pero no han visto todavía lo bien que se lee en ellos y lo fácil que puede llegar a ser el empezar a leer un título en pocos minutos (sobre todo pasado el trámite inicial de la activación de ADE) . Quizá no todas las pequeñas librerías puedan hacerlo (pero muchas sí, porque muchas veces están más preparados sus profesionales en estas lides) pero evidentemente grandes librerías sí que pueden y deberían ofrecer un puesto de venta de libros online físicamente en sus librerías que además diera soporte a los lectores que quieran que les activen su dispositivo o les enseñen a hacerlo.

Otra queja que he leído estos días es que hay pocos títulos, algo más de 1000. Efectivamente son pocos, pero serán más, y lo más importante es que seguramente las editoriales implicadas publicarán muchas de sus novedades a partir de ahora en ambos formatos, que es lo que los lectores reclamamos hace tiempo, por tanto ahora son pocos, pero serán más. Démosle tiempo. Es injusto quejarse el día 15 de que hay pocos títulos, cuando el 14 no teníamos ninguno de esos 1000 títulos que en algunos casos son novedades de reciente publicación en papel . Digitalizar los libros en formato ePub no es un proceso tan rápido como algunos creen. Aunque se parte de un fichero digital, formatearlo para su adecuada lectura en los dispositivos digitales (que son diferentes también en su interpretación de algunos aspectos del código XHTML que es la base del ePub, entre otras cosas porque todavía son muy básicos) deben hacerlo profesionales (entre los que por otra parte me cuento) y a parte de cobrar por ello (algo que se olvida a veces al tener en cuenta el precio del ebook) invertir un tiempo que por pequeño que sea no permite tener miles de libros en unas semanas. La mayoría de las editoriales están digitalizando sus libros y poco a poco el número de libros tanto en Libranda como en otras plataformas crecerá a un ritmo mayor, para lo cual, todo hay que decirlo, será importante que las ventas respondan a las expectativas de los editores, que si ven que sus libros en digital no se venden quizá no sigan interesados en invertir en digitalización.

En general he leído muchas críticas, algunas injustas, que me dan la sensación de que estábamos esperando a que arrancara Libranda para despellejarla. No digo que sea perfecta, pero igual que dije en su momento que tampoco entendía tanta expectativa con ella (hay quizá ha estado parte del problema, la mucha expectacía que se ha levantado), porque no era nada nuevo, ya que existían otras plataformas y sobre todo que Publidisa llevaba haciendo lo mismo años, también digo ahora que lo que ofrece es la posibilidad de tener libros electrónicos de grandes editoriales , algo que muchos lectores reclamaban, y que por tanto los lectores debemos alegrarnos de este paso que aunque pequeño y quizá imperfecto puede ser el primer paso con el que empiezan todos los largos caminos. Ya lo tenemos, está ahí, no es perfecto, pero mejorará, y mejorará gracias a las críticas (sobre todo las constructivas) y a que el sector del libro electrónico coja empuje y se pueda permitir ciertos cambios, como bajar precios. Creo que Libranda es una buena noticia, como lo han sido en su día todoebook, leqtor, edi.cat, amabook,edibooks, luarna, bubok, y todas las editoriales y plataformas que llevan vendiendo libros electrónicos desde hace años.
Bienvenida pues Libranda, y ojalá que tenga éxito porque eso animara a más editoriales y a más lectores a leer en digital.

Tú eliges cómo leerlo


En Minotauro Digital siempre hemos pensado que el lector debería poder elegir cómo leer el libro desde el momento en que se publica, que no debe esperar a que el libro aparezca en bolsillo, por ejemplo, o que debería tener la versión electrónica del libro también desde el primer momento. Coherentemente con esto nuestros libros están disponibles en papel y en e-book, pero con nuestro último título, El libro de Angelina, de Fernando Figueroa Saavedra, hemos querido además ofrecer una alternativa más, y además gratuita. El libro se podrá seguir por entregas (un capítulo cada semana) a través de la red social Facebook, al modo en el que en pasados siglos se siguieron importantes obras de la historia universal de la literatura a través de las entregas de los periódicos.

Es cierto que hay muchos editores que le tienen miedo a lo digital, nosotros no le tenemos miedo a lo digital(hay quien dice que somos valientes) ni tampoco a que los lectores puedan leer la obra sin comprarla, porque estamos convencidos de que los buenos lectores solo necesitan un buen texto y encontrar su forma de leerlo (papel, e-book, etc) y que la misión del editor es precisamente esa: que el lector y la obra se encuentren, lo cual, al final, siempre va a ser en beneficio de todos (autor, lector y editor) ya que el lector agradece encontrar “su” libro. Quizá esto sea lo último en innovación editorial o quizá solo un experimento que intente demostrar que lo importante es el contenido más allá de la forma. En cualquier caso ahí está el libro: en las librerías tradicionales, en las librerías digitales, y en Facebook.

¿Quieres leerlo? Puedes.

Las intrigas y asesinatos entre las familias nobles de la Venecia del siglo XVII obligan a Angelina, casi una niña aún, a huir disfrazada de hombre, de su querida Venecia. Acompañada únicamente por su fiel sirviente Pietrolino y las cartas de su padre adoptivo, el marques de Montefiero, que la irán guiando y desvelando los misterios de su origen, la joven Angelina tendrá que vérselas con un mundo en crisis, en constante cambio, donde la bondad y la maldad comparten un mismo sendero, y donde el valor y el ingenio; la magia y el amor; el erotismo y la filosofía; la nobleza y la mezquindad, formarán parte de lo cotidiano.

Fernando Figueroa Saavedra, lleva en sus apellidos toda una tradición literaria castellana, por lo que no era difícil que este doctor en Historia y artista gráfico, llegara a la novela después de dedicarse durante muchos años a la investigación, fruto de la cual ha publicado libros como el que ya se ha converitdo en libro de culto, Madrid-Graffiti y los que le sigueron El Graffiti Universitario, y Graphitfragen, todos ellos sobre el tema del graffiti en el que Fernando Figueroa es uno de los máximos expertos en el ámbito hispánico. Su formación de historiador queda patente en la perfecta recreación del mundo conocido del siglo XVII, y en el conocimiento de la mitología y de la geografía europea, africana y asiática que aparece en el libro. Su faceta artística también tiene cabida en la obra, pues la novela va acompañada de 57 ilustraciones realizadas por el autor y que recrean diferentes episodios de la historia de Angelina.

Fernando Figueroa Saavedrea, El libro de Angelina. Aventuras y tribulaciones de una amazona veneciana, Madrid, Minotauro Digital, Julio 2009, 280 páginas. 18 €. ISBN: 978-84-613-3052-2. 57 ilustraciones b/n.

¿2009 será el año del libro electrónico en España?

Cada vez hay más voces que insisten en que este año sí será el año del libro electrónico en España. Un ejemplo que se ha blandido últimamente es el paso dado por Carmen Balcells de otorgar licencias de sus autores y obras a leer-e para editarlos en formato elecrónico, lo cual tiene una gran importancia, pues es una agente literaria, con derechos sobre libros, la que da este paso, ya que precisamente uno de los problemas del libro electrónico es quién tiene los derechos, pues los contratos todavía hoy muchas veces no aclaran ese aspecto -lo cual a veces, es una oportunidad para el autor de vender los derechos electrónicos a otra editorial que sí tenga presencia en el mundo electrónico, cosa que creo que en España no se están haciendo, quitando a Vázquez Figueroa, que va por libre y está siendo pionero en España en este sentido-. Otro ejemplo es la aparición el próximo lunes del nuevo kindle( también hoy en Ariadna), que en Estados Unidos ha vendido una burrada de dispositivos y que se supone que aparece ahora con importantes mejoras, lo cual a España no le afecta demasiado, pero quizá sí el rumor de que por fin el Sony Reader aterrice en España. Y otro ejemplo que se ha venido a sumar en los últimos días es posibilidad de disfrutar de los libros de google book en dispositivos móviles recientemente anunciada , etc. En definitiva tanta acumulación de noticias y rumores apunta a que editores, agentes, autores y libreros están empezando a interesarse aún más por las posibilidades del libro electrónico.

Precisamente muchos editores importantes ya están pensando en dar el salto al libro electrónico, y así Herralde que ya nos ha sorprendido recientemente con la venta de 100 de sus títulos en kiosko, confiesa que están estudiando la posiblidad en Anagrama:

Así, no esconde que su empresa está “oteando” la posibilidad de publicar en el futuro libros en formato electrónico y avanza que ya hay una persona en la editorial que está recopilando material y estudiándolo. “Si lo vemos necesario, sí publicaremos libros electrónicos, pero en estos momentos el territorio es bastante virgen, hay que acabar de ver si es viable económicamente y si se pueden colmar las lagunas legales que existen”, señala. (El Economista )

Nosotros que iniciamos nuestra labor editorial precisamente con libros electrónicos gratuitos descargables desde Minotauro Digital y luego dimos el salto al papel (aunque esos libros en papel también pueden disfrutarse en formato electrónico poco a poco, de momento con Graphitfragen, nuestro primer título) sabemos que el libro en papel y el libro electrónico están condenados a entenderse y convivir tarde o temprano. No sé si será en el 2009 o en el 2012, pero evidentemente llegará un momento en el que en el Metro veremos tanto a personas leyendo un libro en papel como leyéndolo en un dispositivo electrónico. Pero quienes hablan de la desaparición del libro en papel o creen en definitiva que el libro electrónico sustituirá en gran medida al libro en papel quizá se están apresurando, porque igual que es dificíl encontrar sinónimos absolutos que puedan reemplazar a otra palabra en todos sus contextos posibles, así sucede con el libro electrónico que evidentemente mejora al libro en papel en muchos aspectos pero en otros tantos, no; con lo cual, lectores de mi generación que hemos nacido en lo analógico pero hemos madurado digitalmente, seguiremos leyendo en ambos formatos según qué cosas y según que circunstancias y las futuras generaciones quiero pensar que también. Por otra parte quienes, además de el contendio, valoramos e intentamos comprender al libro como objeto, no sólo por su valor sentimental, sino por la perfección del formato, el diseño, la tipografía, etc. nos preguntamos dónde acabará todo eso en el formato electrónico…, porque por mucho esmero que se ponga igualmente al editar en formato electrónico (cosa que muchos ponen en duda) es un formato que, frente al del papel, que es un soporte fijo donde lo fijado no cambia, en el formato electrónico todo cambia en función del dispositivo, resolución, etc que se use, con lo cual es difícil controlar algo tan aparentemente sin importancia para algunos como las particiones de palabra, etc. lo cual hace que todo el cuidado ortotipográfico pensado para el formato físico del libro y la mejora de la lectura se puedan perder en el formato electrónico (aunque se ganen muchas otras ventajas, empezando por esa posiblildad de aumentar el tamaño de fuente que evidentemente el libro físico, a no ser con lupa, no tiene). Precisamente para aquellas personas, o aquellos libros, o aquellas circunstancias en las que eso no importe, el libro electrónico triunfará, pero no por eso arrinconará al libro físico en las otras circunstancias que quizá, probablemente, cada vez sean menores con los años. En definitiva que de momento no creo que podemos decir ¡El libro ha muerto!¡ ¡Viva el Libro! pero desde luego sí que podemos darle una calurosa bienvenida al libro electrónico y ojalá venga para quedarse.

Libros digitales ¡Ya!

Hace años que existe una ley que obliga a las páginas web institucionales a ser accesibles. Esto significa que deben programarse teniendo en cuenta el acceso por parte de personas con capacidades limitadas, desde ciegos que utilizan lectores de voz, a daltónicos que pueden tener problemas para acceder a contenidos si no se utilizan correctamente los colores en la pantalla, pasando por personas que pueden tener ataques epilepticos si se utilizan destellos de determinadas características, o simplemente personas mayores, o no, que no pueden leer bien tamaños de letras pequeñas y que puedan aumentarla sin problemas, etc. Es obligatorio como digo que las páginas insitucionales cumplan una serie de requisitos para permitir el acceso a todos los usuarios. No es obligatorio todavía para el resto de las webs, pero debería serlo, y pronto sin duda lo será, porque en el fondo no requiere demasiado (Y aquí entono el “mea culpa” porque hace años que empezamos el proyecto de Minotauro Digital accesible, pero no acabamos de terminarlo)

Pero es que por el mismo motivo de igualdad de oportunidades, el acceso a los libros digitales es también necesario para estas personas. El blog Libros digitales ¡Ya! acaba de aparecer precisamente para reivindicar esto. Pues efectivamente desde personas con problemas de movilidad a personas disléxicas, o invidentes que pueden leerlos con un lector de voz, o con el propio sistema de lectura de windows o de PDF, etc.; los libros en formato digital suponen a veces la única, y casi siempre la mejor, posibilidad de acceder a esos contenidos. Hace tiempo yo reivindicaba, por otros motivos, la necesidad de que se obligara a llevar un depósito legal en formato digital de todos los libros que se hacen en España (“Del manuscrito al libro electrónico. Fetichismo y digitalización”, Revista Trama y Texturas, 2, Mayo, 2007). Hoy día se establece un deposíto legal del libro en formato físico, pero no hay obligación de depositarlo en formato digital, y esto sería útil, primero para impedir que determinados libros de vida efímera y poco alcance, acaben desapareciendo para siempre, pero también sería necesario para permitir a través de las instituciones adecuadas el acceso a dichos libros por parte de las personas con problemas de acceso al formato físico. Un organismo público que difundiera dichos libros a estas personas, les permitiría poder estudiar o simplemente leer como el resto de las personas, desde el Juego del ángel que acaba de publicar Ruiz Zafón a una historia económica o un tratado de física cuántica que se acabase de publicar, o los libros de texto, y desde luego toda la literatura anterior, como a cualquier hijo de vecino, y es más, aquellos casos de libros descatalogados y difícilmente encontrables para cualquier lector, podrían igualmente pasado el tiempo y cumplidos los requisitos que se establecieran por parte del editor, ser accesibles para todos en formato electrónico.

Desde aquí apoyamos desde luego a Libros digitales ¡Ya! y pedimos a la Administración a que ponga en marcha ese depósito legal, que por otra parte, si no recuerdo mal empezaba ya a estar previsto, al menos en los planes de la Biblioteca Nacional en la pasada legislatura, pero que desde luego ni se ha puesto en marcha ni creo que contemple la posibilidad de dar acceso a las personas que precisan del formato electrónico para acceder a los contenidos.

Vázquez-Figueroa y su novela "gratis"

Vázquez-Figueroa va a permitir descargar gratis su próxima novela a través de internet, una práctica cada vez más habitual pues al contrario de lo que muchos piensan las descargas gratuitas de libros son un arma más de promoción del libro y contribuye a crear lectores. Pero creo que muchas de las cosas que dice Vázquez-Figueroa en su carta (que es un auténtico manifesto) son importantes y tiene gran interés que vengan de un autor de “best-seller” y no de un autor “normal” en cuanto a ventas, y están teniendo mucho eco que es lo importante. Pegamos la carta completa que podríamos firmar asumiendo la casi totalidad de lo que dice (y eso que nosotros somos también editores, aunque no somos siqueira una editorial pequeña sino microscópica):

A partir de ahora mis novelas se editarán simultáneamente en edición “cara”, de
las llamadas “de tapa dura”, en edición de bolsillo a mitad de precio, podrán
descargarse gratuitamente en “Internet” y todos los periódicos o revistas que lo
deseen están autorizados a publicarlas al estilo de las antiguas novelas por
entregas con la diferencia que en este caso no tendrán obligación de pagarme
nada en concepto de derechos de autor.

Me han preguntado si es que me he vuelto loco, me sobra el dinero o pretendo arruinarme y arruinar de paso a mi editor. No es el caso.

He meditado largamente sobre el tema y he llegado a la conclusión de que hoy en día hay público para todos los niveles adquisitivos del mismo modo que quien lo desea puede almorzar en un restaurante de lujo, en una simple hamburguesería e incluso acudir a un comedor social.

También puede hacerse un traje a medida, comprárselo en unos
grandes almacenes o en un rastrillo dominguero.

Igual ocurre en la mayor parte de las facetas del consumo, excepto en lo que se refiere a los lectores que tienen que resignarse a pagar el precio que marca el editor que ha adquirido los derechos en exclusiva de un determinado libro o aguardar años hasta que se edite en bolsillo.

Y desde luego nunca lo obtendrá gratis.

Y se me antoja injusto porque la cultura es tan importante como comer o vestirse, y
desde luego mucho más importante que adquirir un coche donde se ofrecen cien
gamas de precios donde elegir.

Mi próxima novela trata sobre Irak y las oscuras maquinaciones de las grandes compañías americanas que inventaron la existencia de armas de destrucción masiva con el fin de iniciar una guerra que ha costado casi medio millón de muertos y nunca podrá ganarse, pero que produce miles de millones de beneficios a empresas directamente ligadas a lo mas altos cargos de la administración republicana.

Y a mis lectores, cualquiera que sea su condición social o capacidad adquisitiva, ese tema les interesa conocerlo a fondo en estos momentos, no dentro de dos años, que sería cuando cualquier otra editorial considerase que ya había exprimido al máximo el limón de la “tapa dura” y tuviera a bien editarla en bolsillo para unos lectores “De Segunda Categoría”.

No deben existir lectores de segunda ni de tercera categoría, porque lo que importa es su relación directa con el autor independientemente de lo lujoso que sea el vehículo que proporcione dicha relación.

Al cumplir cincuenta años como escritor muchas personas me han asegurado que se
acostumbraron a leer con mis novelas de aventuras, y aunque algunas me han sido
infieles con el paso del tiempo, lo que importa es el hecho de que empezaron a
leer y aficionaron de igual modos a quienes les rodeaban.

Folletines del estilo de “Los tres mosqueteros”, “Los Miserables” o “El Conde de Montecristo” consiguieron que, al poder acceder gratuitamente a tan magníficos textos, en el transcurso de una sola generación el número de lectores franceses se
multiplicara por tres.

Los editores no tienen derecho a quejarse de que “se lee poco” mientras mantienen el control sobre el precio de lo que en ese momento interesa, ni las autoridades deberían promover absurdas campañas publicitarias que no conducen mas que a gastar dinero; lo que deben hacer es presionar a los editores a la hora de poner los libros al alcance de todos los bolsillos.

Personalmente prefiero que me lean dos estudiantes, obreros o
secretarias en el autobús por siete euros, que un alto ejecutivo en su cómodo
despacho por veinte, porque aunque gane menos si el libro es bueno esos dos
lectores se convertían en cuatro y luego en ocho, y resulta evidente que existen
muchos mas obreros, estudiantes y secretarias que altos ejecutivos.

Y si el libro es malo ni unos ni otros lo compraran.

En cuanto al hecho de ofrecerlo gratuitamente en “Internet” tengo claro que quien lo descargue de la red nunca hubiera comprado mi novela, o sea que prefiero que me lea gratis a que no me lea.

Tal vez la próxima vez se decida a comprar un libro aunque no sea mío.

Algo es cierto: he vendido casi veinticinco millones de libros y todo el dinero que me han pagado me lo he gastado, pero una gran parte de los lectores que he conseguido, aun los conservo.

Y de todo el dinero que gané la mitad se lo llevo Hacienda.

Sin embargo Hacienda aun no ha logrado arrebatarme un solo lector.

En Inglaterra, país culto donde los haya, los escritores no pagan impuestos por el fruto de su trabajo, pero en España, pese a pertenecer también a la Unión Europea, cada año debo entregar la mitad de mis ingresos a Hacienda o me embargan.

Eso significa que un escritor ingles cuenta con el doble de medios económicos que yo para viajar o investigar a la hora de encarar un nuevo trabajo.

Eso no evita que las autoridades españolas se lamenten de que nos esté invadiendo la cultura anglosajona, y lo único que se les ocurre para remediarlo es adquirir los más
emblemáticos y costosos edificios de cada capital con el fin de instalar un
nuevo Instituto Cervantes en el que dar cobijo a “intelectuales” afines al
partido que se encuentre en esos momentos en el poder.

Para nuestra voraz, inculta y derrochadora administración tan solo somos europeos cuando conviene, y esa es una de las razones por la que prefiero regalarle la mitad de mis ganancias a unos lectores anónimos que tal vez me lo agradezcan, que a un
gobierno que no solo no lo agradece, sino que no acepta que para escribir un una
novela interesante sea necesario viajar e investigar, e incluso amenaza con
quedarse con mi casa.

Siento curiosidad por saber si las editoriales continuaran con su absurda política inmovilista o comprenderán que es hora de renovar unos hábitos que no han evolucionado un ápice en trescientos años mientras que a su alrededor el mundo se transforma a marchas forzadas.

En mi juventud una película se estrenaba en una única y enorme sala, estaba casi un
año en cartel y tan solo entonces pasaba a los cines de barrio. Hoy se estrena
en cuarenta multisalas, a los quince días se edita en “DVD”, al mes se compra en
televisión, y se puede ver en las cadenas abiertas a los tres meses.

Si las grandes productoras cinematográficas, con sus complejos estudios de
“marketing” han llegado al convencimiento de que esa es la formula que conviene
en los tiempos que corren, las editoriales deberían tomar buena nota al
respecto.

El mundo del libro tiene la enorme suerte de que no resulta
rentable a los “piratas” del “Top-Manta” que tanto daño hace a las industrias
del cine y la música, pero por eso mismo, y por la gran competencia de la
televisión y todo tipo de deportes de masas, los que lo gestionan deberían
plantearse un cambio radical e intentar conseguir lectores antes que
beneficios.

Sin lectores no hay beneficios, y cuando haya muchos lectores
ya llegaran los beneficios.

Resultará muy interesante comprobar si los Ministerio de Cultura y Hacienda seguirán opinando que es preferible que los empresarios- en este caso los editores- continúen manteniendo el privilegio de abaratar los precios únicamente cuando les convenga sin tener en cuenta los intereses de los lectores, al tiempo que no cesan de apretarle las clavijas al pobre trabajador- en este caso el autor.

Por lo visto un gobierno que se autodenomina socialista considera que es preferible
proteger al que se beneficia económicamente de la cultura que al que la crea. Existen varias editoriales multimillonarias, pero ni un solo autor español mínimamente
“acomodado”.

El viejo dicho, “En España escribir es llorar” ya no tiene sentido: debería decirse “En España escribir- y leer- es pagar”.

Aunque lo cierto es que a la hora de pagar la mitad de lo que se gana a una Hacienda
que no da nada a cambio, entran ganas de llorar.

A.V-F

La novela podrá descargarse en www.por1000millones.com a partir del 25 de Julio