El experimento ha sido todo un éxito

Hace unos meses me hizo gracia un comentario en un foro en el que un autor autoeditado se quejaba de que cuando su libro era gratuito lo descargaba mucha gente y sin embargo cuando lo vendía no tenía precisamente el mismo éxito. Me hizo gracia el comentario por lo ingenuo, claro, pero en el fondo lo que planteaba ese autor cándidamente era la otra cara de la moneda de lo que la “industria” editorial viene utilizando como argumento hace mucho tiempo: aquello de que todo libro descargado “ilegalmente” es una venta perdida de ese mismo libro, razonamiento que usan de base para hacer esos cálculos disparatados de dinero perdido que aparecen cada cierto tiempo en los titulares de los periódicos. Para estos “industriales” cuando un usuario se descarga un libro que encuentra gratis en la red si no lo hubiera encontrado hubiera ido directamente a una tienda electrónica a comprar el mismo libro en formato digital o bien hubiera ido a la librería más cercana de su casa a comprarlo en papel. El argumento no se sostiene, y ellos lo saben… creo.

Pero se podría demostrar fácilmente. Siempre he pensado algún día hacer un experimento para demostrarlo. El experimento consiste en poner un puestecito (para la cual ya sé que tendría que pedir varios permisos si no quiero acabar con una multa entre otras consecuencias) a la salida de alguna estación de metro con cierto tráfico y regalar a todo el que quisera un ejemplar de, por ejemplo, Aviso de privados y doctrina de cortesanos de Antonio de Guevara, un autor del siglo XVI del que es probable que la mayoría de los transeúntes que pasaran por mi puesto no hubieran oído hablar nunca. El experimento se basa en la hipótesis de que, a pesar de no ser capaces de situar a este autor en el tiempo ni el espacio, los 100 o 200 ejemplares de mi experimento desaparecerían rápidamente porque muchos aceptarían el regalo alegremente. El experimento, por supuesto, costa de una segunda parte, en el que el mismo puesto se colocaría -otra vez, solicitando los permisos oportunos- en otra salida de metro con la similar concurrencia, pero esta vez poniéndole al libro el módico precio de 1 €. Es de suponer que al margen de algún que otro despistado, algún conocedor de la literatura del siglo XVI y algún que otro amante de las gangas o simplemente comprador compulsivo de libros; no conseguiría vender muchos ejemplares. La comparativa entre las “ventas” de un día y otro sería muy desigual.

Como lo de pedir permisos y ponerme a vender o regalar libros en la calle me parecía muy complicado, pensé hacer el experimento a la manera del autor del principio de este cuento. Efectivamente elegí un libro que tampoco de entrada se ofrecía a ser un best-seller y que de hecho había vendido unos pocos ejemplares en los meses que llevaba a la venta, y decidí aprovechar la opción de Amazon de ponerlo gratuito durante un período de tiempo. Así lo hice, y mi libro Cervantes, tras el realismo ideal estuvo en descarga gratuita desde el día 20 al 24 de octubre, y el resultado es este:

27 descargas del libro "Cervantes, tras el realismo ideal" en 5 días de período gratuito.

27 descargas del libro “Cervantes, tras el realismo ideal” en 5 días de período gratuito.

Efectivamente, 27 descargas en 5 días, a una media de unos 5 libros por día. No está mal. Según el planteamiento de los “industriales” del libro, yo habría perdido unos 27 € (el libro se vende a 1,50 y Amazon se quedan con el 35 %). Si hubiera alguna forma de echarle la culpa a alguien y reclamar esos 27 € yo tendría que hacerlo -a ser posible con un enfado monumental, y chillando lo más alto posible- o sería un estúpido. Sin embargo, lo cierto, es que el libro nunca ha vendido 27 ejemplares en 5 días y, si soy sincero, ni la mitad en los meses que lleva a la venta. Pero precisamente si Amazon -que nadie me negará que quiere ganar dinero- utiliza este sistema de promoción de libros es porque tiene la certeza, comprobada, de que la descarga gratuita de un libro en determinados períodos de tiempo, favorece la venta posterior del mismo libro. ¿Qué sentido tendría, si no, el que Amazon “regale” un libro así como así? Pero en cualquier caso lo que el experimento demuestra es que cuando el libro no estaba gratuito no sufrió una avalancha de compras que se corresponda proporcionalmente con las veces que se ha descargado cuando solo estaba al alcance de un clic. Es decir que no hay una relación directa entre las veces que los lectores acceden a libros cuando no les cuestan nada -sea de la forma que sea- y las veces que lo comprarían si no lo hubieran encontrado de forma gratuita.

Bueno, no es mi experimento soñado -el del tenderete a la boca de metro- pero sin duda ha sido todo un éxito. En vez de pensar que he perdido 27 ventas yo sé que he ganado 27 posibles lectores -también sería ingenuo pensar que las 27 personas que se han descargado el libro lo vayan a leer, pero alguno seguro que sí- y es probable que en los próximos días algún lector despistado, algún interesado por la literatura del siglo XVI y algún otro amante de las gangas o simplemente comprador compulsivo de libros, descargue Cervantes, tras el realismo ideal esta vez sí pagando ese euro y medio.

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