Lectura polémica o una tonta reflexión sobre el libro

Leer un libro es en realidad entablar una batalla. Es cierto que amamos los libros, pero también que luchamos con ellos, quizá como se lucha con un amigo, medio en broma, medio en serio, para ver quién derriba primero al otro y echarse unas risas. Pero es una lucha, luchamos por vencerle, por acabar con él. Precisamente, por eso: por terminarlo. El libro que con sus 600 páginas descansa sobre mi mesilla es un reto, una llamada a entablar el combate, y al final solo puede quedar uno. Por eso la naturaleza del libro como objeto es tan importante. Porque tiene una dimensión física que no podemos obviar y que más allá del contenido, ocupa un espacio real. Su peso nos indica también la densidad de la lectura, su dimensión nos habla de las características del libro, y lo mucho o poco que juntemos los dedos a un lado u otro de la lectura, nos indica cuánto del libro hemos leído y cuándo nos queda por leer. Lo cual no es dato insignificante en la batalla.

El libro electrónico con sus infinitas ventajas -que no vendré aquí a enumerar, harto de hacerlo ya tantas veces-, nunca nos llamará de la misma forma, nunca nos mirará desde la estantería con un reproche por no haberle leído a pesar de haberlo comprado hace ya meses con tanta ilusión. Sentarse en el sofá del salón a mirar el estúpido televisor y sentir cientos de miradas desde la estantería… Esa sensación quizá no la tengamos nunca con el libro electrónico, como tantas otras. Pero claro, estamos hablando de nosotros, lectores impenitentes de más de 40 años que hemos crecido rodeados de libros y sabiendo que esa era la principal y a veces única forma de conocimiento, de entablar conversaciones con seres maravillosos que vivieron cientos o miles de años antes que nosotros hiciéramos nuestro primer pipí. Pretender que sea así con generaciones que han crecido rodeados de pantallas en las que para muchos cabe todo su mundo, es pretender quizá lo imposible.

Los adolescentes enganchados al móvil quizá sufran el mismo amor hacia esas pantallas que nosotros hacia los libros. Quizá el adolescente que siente la vibración de su móvil en el bolsillo y no puede sacarlo, y siente otra más, y sabe que los mensajes se van acumulando, sienta una sensación similar, un remordimiento parecido al que siento yo cuando noto los libros no leídos en los estantes. Quizá en el futuro, cuando algunos de esos chicos tengan nuestra edad y se hayan convertido en grandes lectores -porque a pesar de todo, en el futuro habrá lectores, habrá letraheridos, habrá amantes del libro, como los ha habido siempre porque como decía aquel, con mucho acierto: podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía- sientan esos remordimientos al abrir la aplicación de lectura y ver la imagen de las cubiertas de tantos libros esperando en la cola de lectura.

Pero es cierto que, como también decía aquel otro, todo es lucha, agonía y polémica (por el griego polemós, no por los estúpidas “polémicas” de televisión), y si la lectura en el fondo es una batalla contra el libro, contra el autor, por vencerlo, por terminarlo (aunque a veces es tan bello el combate que odiamos que llegue ese momento final que sin embargo a la vez ansiamos) hay quien quiere ver también una batalla -y además a muerte- entre el libro en papel y el libro digital. Enfrentar ambos modelos como quién pregunta al niño a quién quiere más si a mamá o a papá, no deja de ser, además de estúpido, una crueldad. Pretender que cada nuevo modelo tenga que enterrar necesariamente al anterior es pretender una huida hacia adelante en la que cada tiempo pasado no solo no fue mejor, sino que necesariamente ha tenido que ser peor.

Por suerte, no es así. El libro electrónico no va a acabar con nadie, porque lo que él mata goza de buena salud. Y como también decía Sancho, no hay mayor tontería que dejarse morir sin más ni más, sin que nadie lo mate. Así que el uno por el otro -como también diría, en es este caso mi abuela- la casa sin barrer y ni el libro en papel se muere, ni el electrónico lo mata.

Larga vida al libro, aunque espero rematar esta tarde el tomo que estoy leyendo.