Cuando las “miembras” sean realmente miembros

Más allá de la anécdota de la ignorancia de una ministra en el conocimiento de nuestra lengua, cosa que no es sorprendente en absoluto y más teniendo en cuenta que esta ministra por edad pertenece a la generación perdida, a la generación LOGSE.; la cuestión importante de las “miembras” pronunciada sin empacho por la ministra de igualdad demuestra cómo los políticos están más empeñados con las apariencias que con la realidad, y desde siempre pretenden, mediante las palabras, encubrir los problemas reales, haciéndonos creer que inventando la palabra inventan la realidad como si en vez de políticos fueran demiurgos –alguno estoy seguro que hasta se lo cree- , y así se inventarán “desaceleraciones fuertes” -que por otra parte es como algún conductor pedante podría llamar al simple frenazo ante un semáforo en rojo-, o cualquier otra cuestión para crear espejos deformantes que poner ante la realidad o más bien ante los ojos de los ciudadanos.

Pero el caso es que hay un empeño de políticos -y muchas otras personas, que les siguen con auténtica buena fe y por aquello de que es políticamente correcto-, en utilizar a menudo el masculino y el femenino para referirse a un colectivo determinado ignorando intencionadamente que la lengua por economía selecciona en esos casos el término no marcado, y precisamente “no marcado” significa que no marca, es decir que no funciona en ese contexto como marcador de género, porque se utiliza en un contexto en el que no es necesario distinguir esa oposición. Como sólo tenemos dos géneros en español, porque no tenemos un neutro como sí tiene por ejemplo la lengua alemana (por cierto siempre me ha parecido curioso que tanto muchacha como señorita en alemán sean sustantivos neutros, parece que sólo cuando la “fraulein” se convierte en “frau” tiene derecho a la feminidad), la elección es entre uno u otro, y el que el termino no marcado sea el masculino no hace sino reflejar precisamente la historia de la lengua, y por tanto de nosotros mismos. Y como es muy cierto aquello de que quien olvida su historia está obligado a repetirla, no está de más que la lengua conserve su historia, porque nos dice precisamente de donde venimos y a donde vamos. Es por eso que la insistencia en hablar de “diputadas y diputados”, “compañeras y compañeros”, y ya rizando el rizo; “miembros y miembras”; no es sino una insistencia en marcar que algo, que ya ha dejado o está dejando de ser anecdótico, sigue siéndolo para ellos, cuando precisamente quieren hacernos creer que luchan por lo contrario. Me explico. Cuando en 1978 Carmen Conde ocupó un sillón en la Académica -por citar una institución que tiene que ver en esto, y que además la propia ministra ha acusado de machista-, siendo la primera mujer que lo hacía -a pesar de que antes podían haberlo ocupado María Moliner, u otras tantas mujeres de mérito que por el hecho de serlo no lo ocuparon, aunque también hubo cuestiones como envidias y manías de las que tampoco se libran los hombres en otros casos- seguramente cuando un académico se dirigiera al pleno diría “señora académica, señores académicos”. Aquello evidentemente tenía un claro sentido, en primer lugar por ajustarse a la realidad de la presencia de aquella única mujer y segundo por destacar que ya los académicos no eran sólo hombres, es decir, por remarcar una situación nueva e insólita que necesitaba precisamente por eso destacarse, pues de no hacerlo, y dado que hasta entonces los académicos siempre habían sido hombres, usar el término no marcado no podía entenderse con claridad como referido conjuntamente a hombres y mujeres, y se hacía necesario destacar esa situación insólita en ese momento. Pero hoy que nadie puede pensar que cuando alguien dice “académicos”, o “diputados” se está refiriendo sólo a los de sexo masculino -salvo que sea político o un imbécil redomado- el mantener ese empeño en remarcar que hay hombres y mujeres, además de anacrónico, es contraproducente, porque se destaca con ello un estado de provisionalidad o de excepcionalidad cuando evidentemente no lo es ya precisamente en los ámbitos en los que ellos lo utilizan con más frecuencia, ni debe serlo y de hecho no lo será en poco tiempo en los demás. Porque desde la lengua la normalidad –y la igualdad que es competencia de esta ministra- está en que hombres y mujeres se encuentren en el término no marcado, que no es el masculino, o no tiene consideración de masculino cuando se utiliza referido a un colectivo, y por tanto no hay que reivindicar el llamar “miembras” a los miembros de sexo femenino sino el que se puedan llamar miembros a todos, como todos nos llamamos lingüistas –no he oído que ninguno haya propuesto “lingüisto” para la nueva edición del DRAE- porque todos somos personas, y al hablar de personas se debe utilizar un único término que existe para referirse a ellos , ¿o acaso ahora somos personas y personos? El que una palabra acabe en “a” o en “o” no la convierte en masculina ni en femenina, -y claramente cuando, como en estos casos, vienen del griego- y cuando se utiliza el término no marcado para referirse a un colectivo, salvo en determinados contextos, hoy ya no es necesario explicar a nadie que nos referimos a hombres y a mujeres, porque la insistencia en hacerlo, no señala más que precisamente esa situación de anormalidad que lo era cuando la mujer empezaba a incorporarse a determinados ámbitos pero no lo debe ser hoy, por más que los problemas de igualdad existen y son muchos y se deben resolver no sé yo si desde un ministerio, pero desde luego no desde la lengua, o no atacando a la lengua como si fuera culpable de los males, cuando no es más que el reflejo de los mismos. Cambiemos el mundo que la lengua se adaptará a ese mundo más rápidamente de lo que ni académicos ni ministros pueden hacer, pero no lo intentemos hacer al revés porque es evidente que no funciona.

Una gran poeta decía que ella no era “poetisa” sino “poeta”, y supongo que hoy podría decirle a la ministra que ella no quiere ser “miembra” sino miembro, miembro de pleno derecho de la lengua y de la sociedad.

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5 comentarios en “Cuando las “miembras” sean realmente miembros

  1. Suscribo tus palabras. De todas maneras, como bien dices, es más de lo mismo. La lengua parece ser una especie de fórmula magistral para combatir el machismo. El problema es que, como en todo, para hablar de lengua es mejor dejar a los expertos. La cosa es que ya ni siquiera se tiene en cuenta la estética o eufonía, porque, al menos a mí, “miembro” (neutro latino como bien dices) es palabra que no me parece precisamente eufónica, pero “miembra” lo es mucho menos. Se me ocurre pensar en el cacao que se armaría si trasladaramos ese desiderátum de la ministra al lenguaje sexual: habría que suponer que el miembro tendría enfrente, en el órgano femenino, a una miembra. Ahí es nada. Saludos sabatinos.

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  2. Valentín, la pragmática es sexista, no digo que machista.El uso de la lengua se hace, no se prescribe.Poeta tiene un el y un la para marcar el género y los patrones morfológicos del español nos dicen, incluso, que si no fuera por el uso histórico de poeta como masculino, esta, lógicamente, sería marcada como femenino.De hecho en el siglo XV y antes de la prescripción de ciertos individuos la lengua recibió poeta como un femenino.Independientemente de que el uso y la norma entren en conflicto y la buena de la ministra se ha defendido como ha podido de la violencia es natural que se desarrolle y se acepte una -a. La lengua, como bien sabes, la mueven los ignorantes. In diebus ilis: Busilis.Creo que me voy a marcar una entrada al respecto.besos.

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  3. Valentín, la pragmática es sexista, no digo que machista.El uso de la lengua se hace, no se prescribe.Poeta tiene un el y un la para marcar el género y los patrones morfológicos del español nos dicen, incluso, que si no fuera por el uso histórico de poeta como masculino, esta, lógicamente, sería marcada como femenino.De hecho en el siglo XV y antes de la prescripción de ciertos individuos la lengua recibió poeta como un femenino.Independientemente de que el uso y la norma entren en conflicto y la buena de la ministra se ha defendido como ha podido de la violencia es natural que se desarrolle y se acepte una -a. La lengua, como bien sabes, la mueven los ignorantes. In diebus ilis: Busilis.besos.

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  4. Y lo último ya.Mientras la Academia desarrolle la voz poeta como:poeta.(Del lat. poēta, y este del gr. ποιητής).1. com. Persona que compone obras poéticas.y poetisa, como:poetisa.(Del lat. poetissa).1. f. Mujer que compone obras poéticas y está dotada de las facultades necesarias para componerlas.creo que cualquiera que escriba poesía tenderá a ser presentada como persona.Hasta en eso hay algo de exclusión o deshumanización de la mujer.

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  5. Una acalración tonta: la ministra “miembra” no es generación LOGSE, pues tiene mi edad y yo soy de BUP y COU, además de profesora de Lengua y de Literatura desde 2001. Simplemente no es filóloga, no debe de leer mucho y quiso ser supermoderna…Centrarse en estas pamplinas en aras de conseguir la igualdad, es una gilipollez (aquí, sin eufemismos políticamente correctos), cuando todavía en mi pueblo si solo (que ya no lleva tilde) se tienen hijos varones, la gente aún se compadece de los padres (claro, estos no tienen manos para cuidar a sus progenitores)…Tampoco se puede legislar la educación sin presupuesto.Saludos.

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