¿Los conductores leen?


Leer requiere tranquilidad y silencio. Sin embargo un buen número de lectores leen en el transporte público, mientras viajan o mientras esperan, en un ambiente que desde luego no es tranquilo y en el que no es fácil aislarse, y más cuando Metro de Madrid (ese que parece avergonzarse de ser metro y queire ser avión) ha decido poner pantallas de televisión, como si se le quisiera ganar terreno a la lectura también en ese espacio. ¿Leer es para estos lectores una forma de matar tiempos muertos? Se lee mientras se espera. ¿se lee como esperanza?

Pero si se lee en el transporte público, los que viajan en coche ¿usarán luego el tiempo ganado en leer? ¿Y en los atascos? ¿leen los conductores en los atascos como los conductores de autobús leen el periódico en los semáforos cerrados? Recuerdo aquellos personajes de “autopista hacia el sur” de Cortázar atrapados durante días en un gran atasco, haciendo vida en sus coches, y sí… también leían.

Pero el espacio más destacado reservado para la lectura es la biblioteca, y sin embargo en las bibliotecas publicas en realidad se lee menos de los esperable. Hay trasiego de gente que entra y sale y sobre todo se lleva a casa películas, música y juegos. Por supuesto también libros. Desde que la biblioteca es también videoteca, discoteca y ludoteca, sin duda son más visitadas, y eso es bueno porque tarde o temprano los visitantes también se llevarán un libro, pero lo cierto es que en la biblioteca se lee poco. En la sección de adultos los estudiantes de secundaria, universitarios y opositores estudian, en la sección infantil muchos niños aprovechan para hacer los deberes del colegio, pero leer, se lee poco. Desde que las bibliotecas publicas disponen también de puestos de acceso a internet, se producen situaciones al menos curiosas, porque la mayoría de los usuarios son jóvenes que utilizan la conexión para chatear a través de programas de mensajería, lo cual es paradójico, porque en un espacio en el que hablar está relativamente prohibido, ellos van precisamente a la biblioteca para no hacer otra cosa que hablar, eso sí, en silencio. Pero bueno, aunque muchos de los visitantes de la biblioteca vayan a otra cosa distinta de la lectura, alguno, tarde o temprano, caerá en las garras del papel. Como mostraba una encuesta hecha a los usuarios por la web de la biblioteca del ayuntamiento de Madrid, la mayoría de los usuarios (creo que era más del 50% porque la encuesta ya no está accesible) visita la biblioteca para coger en préstamo… ¡Discos y películas! Da la sensación de que las bibliotecas se avergonzaran de ser espacios de lectura, de ser un lugar de libros y tuvieran que ceder espacio -¡también aquí!- a la música, los juegos de ordenador, las películas e internet.

Pero si en las bibliotecas paradójicamente y proporcionalmente parece que se lee menos que en el transporte público, lo cierto es que se puede leer casi en cualquier parte. En el barrio donde vivo, hace más de 20 años – ahora ya sé que veinte años no es nada- que veo a menudo un señor que lee en la calle, y de pie, novelas de Marcial Lafuente Estefanía. Es cierto que le sobra el tiempo, pero lee.

Porque parece que en gran medida la lectura es una forma de ocupar el tiempo, como lo ocupan los que esperan el autobús o viajan en metro, en un tiempo en el que no se puede hacer quizá otra cosa. De ahí la expresión tan afinada y afilada de “matar el tiempo”. Pero hoy que parece que no existe el aburrimiento, que ha sido desalojado de nuestras vidas en las que tenemos la sensación de llegar tarde a todas partes parece que la lectura corre aún más peligro. ¿Pero en qué usamos entonces el tiempo?

En cualquier caso -y por si acaso-, como tal vez hubiera dicho Gómez de la Serna: el aburrimiento es la mentira del burro. Si te aburres: lee.

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