Derechos morales

La propiedad intelectuales tiene dos vertientes reflejadas en los llamados derechos morales y los derechos patrimoniales. Los derechos morales de la Propiedad Intelectual son irrenunciables en España, de ahí la imposible aplicación plena del copyleft, porque ningún autor puede, en España, ceder sus derechos morales o renunciar a ellos de alguna forma (por mucho que algunos contratos por ignorancia o no, lo incluyan). La mayoría de los creadores entregan su obra al mundo sin pedir ninguna compensación económica a cambio, o reciben una compensación simbólica, porque lo que realmente les importa es que su obra llegue al público y -bien sea por un punto de vanidad o por simple reconocimiento- que se sepa que es suya. Por tanto para la mayoría de los artistas que reciben apenas nada por su obra es más importante el derecho moral que el patrimonial. Y sin embargo es éste último, el patrimonial, el que mueve montañas -de dinero- y el que más quebraderos de cabeza produce.

No digo que deban desaparecer las entidades de gestión, aunque es evidente que para la mayoría tendría más sentido y sería más transparente el que de dicha gestión se encargaran los poderes públicos, porque cumplen una función importante y necesaria que permite que existan ciertas garantías para el artista en la difusión cultural, pero lo que sí creo es que dichas entidades deberían olvidarse un poco más del dinero y preocuparse más de la vertiente moral de la propiedad intelectual, y especialmente de la del creador sin patrimonio económico alguno que defender, aquel que regala su obra en internet, el que publica en revistas sin cobrar nada, o el que escribe un libro con mucho esfuerzo sabiendo que en el mejor de los casos recibirá 500 euros a lo largo de los dos o tres años de vida que tendrá el libro y que evidentemente no compensa el tiempo y el esfuerzo que lleva escrbir un libro (sobre todo si el libro es bueno, pues hay otros que se escriben en dos días para un consumo rápido y se venden como churros)

De ese creador y de su derecho moral a que su obra se reconozca como suya es de lo que sería más interesante preocuparse que del patrimonio, ya de por sí enorme, de Alejandro Sanz.

Limitándonos sólo al tema del canon por copia privada y conociendo la forma en que la SGAE y otras entidades de gestión reparten la recaudación, los que realmente reciben una cantidad considerable -al margen de la propia entidad que se queda con su interesante tanto por ciento, y por eso pone tanto afán recaudatorio- son los autores que más venden, lo cual es una contradicción pues precisamente nos dicen que la copia les quita beneficios a los artistas. ¿no sería entonces más lógico darles más beneficios a los que menos venden que a los que más venden que por consiguiente parecen menos afectados por la copia? Nos hablan de pobres músicos que no tienen qué comer, pero yo conozco precisamente a muchos de estos músicos que se ven obligados a granarse la vida de otra forma y que no cobran un duro de la SGAE pero no paran de tocar en locales -y a alguno incluso le han cobrado los de la SGAE por cantar sus propias canciones en algún local, puesto que los artistas no pueden renunciar en España a que una entidad de gestión gestione sus derechos, y por tanto tiene que pagar incluso el propio artista- y dejan sus canciones en internet para que todos las escuchen libremente pues es la única forma -barata- que tienen de llegar al gran público, puesto que no cuentan con el apoyo de la industria que en general sólo apoya a los que más venden.

El canon por copia privada (que es legal) es un sinsentido legal y, lo que es peor; lógico, pues la copia privada no genera ninguna perdida significativa a las ventas -realmente pocos se comprarían un mismo disco en tres soportes distintos si no existiera la opción legal de hacer copia privada para ello- sino que lo que genera pérdidas es la copia ilegal. Prentender compensar subrepticiamente el perjuicio que genera la copia ilegal a los artistas mediante el canon sobre la copia legal es lo que produce una contradicción y un sinsentido legal que socaba profundamente la propia razón de ser de la entidad de gestión y de la propiedad intelectual. Es evidente que la facilidad de reproducción que existe hoy día produce una merma económica a las industrias artísticas, pero igualmente produce otras compensaciones que deberían aprovechar.

Pero es que además en muchos casos la distribución sin ánimo de lucro -no hablo de la piratería industrial con ánimo de lucro- a través de internet no hace sino aumentar las ventas de determinadas obras. Hace unos días leía la noticia de que un autor tan vendido como Paolo Coelho confesaba que él mismo dejaba copias de sus obras en las redes P2P para que la gente las descargara y que además eso precisamente generaba más ventas. Esto que en el caso de un autor de éxito puede ser noticia -aunque no es infrecuente, y rcordemos que hac poco Vázquez Figueroa distribuía gratuitamente su última novela-, es habitual en quienes no tienen tanta comunicación de sus obras o incluso de quienes no la tienen siquiera publicada. Una práctica de muchos grupos musicales es la de subir al emule u otras redes P2P un disco de algun grupo conocido y junto a ese disco en el mismo fichero comprimido incluir el suyo con un mensaje que pide disculpas por el engaño pero ruega que se escuche su música. Evidentemente suele hacerse con discos de grupos conocidos del mismo estilo o similares características que el suyo, lo que les permite acercarse así a quienes pueden interesarse por su obra.

En definitiva, la mayoría de los artístistas -porque la mayoría no son lógicamente el 10% ó 15% que se gana la vida con su obra, ni el 5% que son millonarios, y evidentemente me invento estos porcentajes, pero es lógico que son muy pequeños- están en contra de muchas de las políticas de recaudación de las entidades de gestión y sin embargo no pueden hacer nada, porque igual que sus derechos morales son irrenunciables, tampoco pueden renunciar a que las entidades de gestión les gestionen ciertos derechos patrimoniales, porque la ley así lo ha querido. Sin embargo sería mucho más interesante una gestión más centrada en lo moral que en lo patrimonial, menos torticera en sus prácticas y sobre todo que en el reparto, dedicará más energía en promocionar a los artistas menos conocidos que en generar más riqueza para los más conocidos. En definitiva, fomentar la cultura más y destruirla menos.

Supongo que existen, aunque sean minoritarias, entidades de gestión con otros intereses y otras prácticas. Yo creo que todos los artístas que creen en las ideas de difundir la cultura más que en el beneficio económico deberían unirse y crear una entidad de gestión a la que pudieran asociarse los artistas que quisieran que les gestionaran sus derechos con unas políticas distintas a las que las entidades de gestión mayoritarías tienen. No sé, quizá una SGOAE: la Sociedad General de los Otros Autores de España.

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